Le abrí mi corazón a alguien que tenía un lienzo blanco y no manchas. Al final, la herida que me dejó es imborrable, porque aún sin advertencias me lastimo tanto que soy incapaz de reconocerme.

Y eso que se consideraba buena persona, una que sufrió más que todos.

Que excusa tan conveniente me creí olvidando que todos hemos herido.
Le abrí mi corazón a alguien que tenía un lienzo blanco y no manchas. Al final, la herida que me dejó es imborrable, porque aún sin advertencias me lastimo tanto que soy incapaz de reconocerme. Y eso que se consideraba buena persona, una que sufrió más que todos. Que excusa tan conveniente me creí olvidando que todos hemos herido.
Me entristece
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