Habian pasado semanas de la “desaparición” de Stolas. Desaparición que llegó a su fin. Lamentablemente no con el Stolas que Deberia, si no uno muy diferente, cuya historia era similar pero disentía eñ momento clave que lo cambiaban todo, y lo peor, aquel principe no era consciente de que ya no estaba en su hogar.

De modo que por las calles caminaba solemne, tratando de despejarse, de comprender por que todo el mundo parecía comportarse de forma extraña ¿Desterrado?¿cuando?¿Sin poderes?¿Que locura era esa? ¿por amar un imp? ¡Si hombre!Todos debían de haberse vuelto locos, partiendo de la base de que, para la realeza amar no era una opción. Asi que no, jamas había amado de forma romántica a nadie por que ya tenía interiorizado que eso era algo que no iba a suceder. Su vida no le pertenecía y punto. A fin de cuentas ni si quiera estaba del todo seguro de si amaba a su propia hija. Es decir si… le tenia aprecio y era importante para él sin embargo… Realmente nunca surgió del amor, si no de la obligación y le recordaba constantemente la condena que le supuso compartir vida con alguien a quien si quiera apreciaba por harpia y eso, era una herida que le provocaba guardar una especie de rencor hacia ella que trataba de disimular pues sabía que su estrellita, su pequeña Octavia no tenía culpa ninguna.

Por no mencionar que Paimon no era el mejor ejemplo paterno y por lo tanto, el príncipe era consciente de que, tampoco él era un buen modelo paterno.

Tenía mucho eñ que pensar, ahora que todos parecian dementes. Pero su concentración se fue al caño añ notar un pequeño choque contra el, volteandose a ver quien habia osado tocarle sim su consentimiento, y vió a un imp.

—Oh… Hola pequeño Imp.—saludó con engañosa calma, enarcando una ceja pues se le hacía muy familiar—.Espera ¿Nos conocemos? Si… tu eres ¿Eres el imp que jugó conmigo durante un cumpleaños cuando era niño? ¿Blitzø? ¿Te llamabas? —al reconocerlo se carcajeó de forma pomposa

—El infierno es un autentico pañuelo ¿No te parece?—preguntó de forma retórica, sonriendo suavemente.
Habian pasado semanas de la “desaparición” de Stolas. Desaparición que llegó a su fin. Lamentablemente no con el Stolas que Deberia, si no uno muy diferente, cuya historia era similar pero disentía eñ momento clave que lo cambiaban todo, y lo peor, aquel principe no era consciente de que ya no estaba en su hogar. De modo que por las calles caminaba solemne, tratando de despejarse, de comprender por que todo el mundo parecía comportarse de forma extraña ¿Desterrado?¿cuando?¿Sin poderes?¿Que locura era esa? ¿por amar un imp? ¡Si hombre!Todos debían de haberse vuelto locos, partiendo de la base de que, para la realeza amar no era una opción. Asi que no, jamas había amado de forma romántica a nadie por que ya tenía interiorizado que eso era algo que no iba a suceder. Su vida no le pertenecía y punto. A fin de cuentas ni si quiera estaba del todo seguro de si amaba a su propia hija. Es decir si… le tenia aprecio y era importante para él sin embargo… Realmente nunca surgió del amor, si no de la obligación y le recordaba constantemente la condena que le supuso compartir vida con alguien a quien si quiera apreciaba por harpia y eso, era una herida que le provocaba guardar una especie de rencor hacia ella que trataba de disimular pues sabía que su estrellita, su pequeña Octavia no tenía culpa ninguna. Por no mencionar que Paimon no era el mejor ejemplo paterno y por lo tanto, el príncipe era consciente de que, tampoco él era un buen modelo paterno. Tenía mucho eñ que pensar, ahora que todos parecian dementes. Pero su concentración se fue al caño añ notar un pequeño choque contra el, volteandose a ver quien habia osado tocarle sim su consentimiento, y vió a un imp. —Oh… Hola pequeño Imp.—saludó con engañosa calma, enarcando una ceja pues se le hacía muy familiar—.Espera ¿Nos conocemos? Si… tu eres ¿Eres el imp que jugó conmigo durante un cumpleaños cuando era niño? ¿Blitzø? ¿Te llamabas? —al reconocerlo se carcajeó de forma pomposa —El infierno es un autentico pañuelo ¿No te parece?—preguntó de forma retórica, sonriendo suavemente.
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