Luego de comprar insumos para su panadería, se puso a ver las tiendas topando con una que vendía peluches; pronto uno llamó su atención: Era un unicornio peculiar, fue amor a primera vista. Deja las bolsas cargando al muñeco examinando este con cuidado.
La encargada de la tienda se acerca sigilosa a ella y le pregunta si le gustó el muñeco. Hellen suelta el peluche y a penas con voz baja dice que sí, preguntando el precio. La mujer algo molesta le responde con una sonrisa maliciosa.
— Cuesta cincuenta dólares, ya que lo agarraste, es un precio especial para una personita especial.
Parpadea incrédula ante el precio que le dijo la mayor, rebusca en sus bolsillos y sólo tiene monedas y un billete de diez dólares.
— Lo lamento, si no tienes para comprar, te me vas retirando; ahí está la salida.
Sus ojos se llenan de lágrimas no tanto por el trato de la dependienta del establecimiento; si no porque no puede comprarse el peluche. Toma sus bolsas dirigiéndose hacia la salida rompiendo a llorar mientras camina hacia la panadería.
La encargada de la tienda se acerca sigilosa a ella y le pregunta si le gustó el muñeco. Hellen suelta el peluche y a penas con voz baja dice que sí, preguntando el precio. La mujer algo molesta le responde con una sonrisa maliciosa.
— Cuesta cincuenta dólares, ya que lo agarraste, es un precio especial para una personita especial.
Parpadea incrédula ante el precio que le dijo la mayor, rebusca en sus bolsillos y sólo tiene monedas y un billete de diez dólares.
— Lo lamento, si no tienes para comprar, te me vas retirando; ahí está la salida.
Sus ojos se llenan de lágrimas no tanto por el trato de la dependienta del establecimiento; si no porque no puede comprarse el peluche. Toma sus bolsas dirigiéndose hacia la salida rompiendo a llorar mientras camina hacia la panadería.
Luego de comprar insumos para su panadería, se puso a ver las tiendas topando con una que vendía peluches; pronto uno llamó su atención: Era un unicornio peculiar, fue amor a primera vista. Deja las bolsas cargando al muñeco examinando este con cuidado.
La encargada de la tienda se acerca sigilosa a ella y le pregunta si le gustó el muñeco. Hellen suelta el peluche y a penas con voz baja dice que sí, preguntando el precio. La mujer algo molesta le responde con una sonrisa maliciosa.
— Cuesta cincuenta dólares, ya que lo agarraste, es un precio especial para una personita especial.
Parpadea incrédula ante el precio que le dijo la mayor, rebusca en sus bolsillos y sólo tiene monedas y un billete de diez dólares.
— Lo lamento, si no tienes para comprar, te me vas retirando; ahí está la salida.
Sus ojos se llenan de lágrimas no tanto por el trato de la dependienta del establecimiento; si no porque no puede comprarse el peluche. Toma sus bolsas dirigiéndose hacia la salida rompiendo a llorar mientras camina hacia la panadería.