— Hay belleza en las cenizas de un corazón que ardió por aquello que amaba…— Hoy, la grieta decidió liberarme de las penalizaciones. Pero nada en este mundo es un regalo, todo exige un precio, al menos para nosotros, los vitralis. A cambio, debía hacer un intercambio con el mar.

No puedo fingir que no dolió.

Sentí cómo algo en mi interior era arrancado con la misma suavidad cruel con la que las olas reclaman lo que les pertenece. Vaciló mi aliento, y por un instante, mi propia grieta tembló, como si también dudara de entregarse. Pero aun así, extendí las manos.

Fue el costo a pagar.

Y mientras el mar aceptaba mi ofrenda en silencio, comprendí que, por primera vez, no era yo quien sanaba la herida… sino quien debía aprender a sobrevivir con el vacío que dejaban en mi alma.
— Hay belleza en las cenizas de un corazón que ardió por aquello que amaba…— Hoy, la grieta decidió liberarme de las penalizaciones. Pero nada en este mundo es un regalo, todo exige un precio, al menos para nosotros, los vitralis. A cambio, debía hacer un intercambio con el mar. No puedo fingir que no dolió. Sentí cómo algo en mi interior era arrancado con la misma suavidad cruel con la que las olas reclaman lo que les pertenece. Vaciló mi aliento, y por un instante, mi propia grieta tembló, como si también dudara de entregarse. Pero aun así, extendí las manos. Fue el costo a pagar. Y mientras el mar aceptaba mi ofrenda en silencio, comprendí que, por primera vez, no era yo quien sanaba la herida… sino quien debía aprender a sobrevivir con el vacío que dejaban en mi alma.
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