Había lamentado el hecho de no asistir a la ópera junto a aquella mujer que parecía ser una compañía interesante: Rowan Blackthorn , quien con cautiva presencia semejante al de una intrigante sirena había llamado su atención desde el primer contacto.

Su resaltada belleza no era lo que le atraía en primer lugar, sino aquel particular aroma que había despertado el apetito en sus sentidos. La piel tersa y el cuerpo ejercitado propiciaban calidad de sabor, según sus propios estándares, y ella cumplía con ambos, por lo que su hambre se había visto desatado en aquel primer encuentro. Sin embargo, un poco de diversión previa no sería un problema, ¿cierto?

Como había prometido en aquella segunda carta enviada: compensaría su ausencia con una cena. Por lo tanto, ya había terminado de arreglarse e iba con algo de tiempo de sobra, sellando su gracia magnética con la cantidad adecuada de perfume y acomodando su plateado reloj de muñeca. Con el paso elegante de un felino y dejando tras de sí el eco de su andar, ya se había aproximado al oscuro automóvil para ir a buscar a su cita.

Puntual, no había de otra. Era un hombre puntual y comprometido, no fallaría en esta oportunidad única que la fémina le había otorgado con su afirmación. Salió del auto con el mismo porte de su andar, una presencia elegante y serena que resaltaba por sí sola. Su blanca piel contrastaba perfectamente con la oscuridad que lo adornaba: sus ojos, cabellos y traje tan negros como la propia noche. Cabe destacar que no es un hombre pretencioso, sino todo lo contrario, es sencillo aunque le guste disfrutar sin medida de los mejores placeres, mantenía un perfil calmado y muchas veces rebosaba simpatía y gracia, aunque fuesen habilidades adoptadas por su personalidad camaleónica.

Finalmente, ante la puerta de la vivienda (previamente escaneada) llamó a esta tres veces, cada golpe entre una pausa breve, evitando ser estridente. Silencio y espera, se mantenía firme frente a la residencia con la paciencia intacta y la curiosidad gobernando su mirada.
Había lamentado el hecho de no asistir a la ópera junto a aquella mujer que parecía ser una compañía interesante: [rowan_the_seer] , quien con cautiva presencia semejante al de una intrigante sirena había llamado su atención desde el primer contacto. Su resaltada belleza no era lo que le atraía en primer lugar, sino aquel particular aroma que había despertado el apetito en sus sentidos. La piel tersa y el cuerpo ejercitado propiciaban calidad de sabor, según sus propios estándares, y ella cumplía con ambos, por lo que su hambre se había visto desatado en aquel primer encuentro. Sin embargo, un poco de diversión previa no sería un problema, ¿cierto? Como había prometido en aquella segunda carta enviada: compensaría su ausencia con una cena. Por lo tanto, ya había terminado de arreglarse e iba con algo de tiempo de sobra, sellando su gracia magnética con la cantidad adecuada de perfume y acomodando su plateado reloj de muñeca. Con el paso elegante de un felino y dejando tras de sí el eco de su andar, ya se había aproximado al oscuro automóvil para ir a buscar a su cita. Puntual, no había de otra. Era un hombre puntual y comprometido, no fallaría en esta oportunidad única que la fémina le había otorgado con su afirmación. Salió del auto con el mismo porte de su andar, una presencia elegante y serena que resaltaba por sí sola. Su blanca piel contrastaba perfectamente con la oscuridad que lo adornaba: sus ojos, cabellos y traje tan negros como la propia noche. Cabe destacar que no es un hombre pretencioso, sino todo lo contrario, es sencillo aunque le guste disfrutar sin medida de los mejores placeres, mantenía un perfil calmado y muchas veces rebosaba simpatía y gracia, aunque fuesen habilidades adoptadas por su personalidad camaleónica. Finalmente, ante la puerta de la vivienda (previamente escaneada) llamó a esta tres veces, cada golpe entre una pausa breve, evitando ser estridente. Silencio y espera, se mantenía firme frente a la residencia con la paciencia intacta y la curiosidad gobernando su mirada.
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