Las posadas públicas
Ratiled ha aprendido a reconocer los lugares que se anuncian como refugio. Luces encendidas. Mesas largas. Voces que prometen calor humano. Espacios donde cualquiera puede entrar… en teoría. Ya no entra. Los observa desde lejos. Allí, los saludos son correctos. Las palabras, amables. Pero existe una frontera invisible. Y Ratiled ha aprendido a sentirla antes...
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