— Déjame reposar un ratito. La cama está fresca y llegué de la calle muy acalorada. —
El gato atigrado le miró con cierta indignación, al inicio. Una vez que se acomodaba en la cama de Sada, no le gustaba compartirla. Pero esta vez el minino fue indulgente y se levantó sólo para echarse a su lado.
La chica, suspirando, le pasó los dedos cariñosamente, entre las orejas.
— Quizás me estoy volviendo paranoica pero juraría que me han seguido las últimas noches. —
El gato atigrado le miró con cierta indignación, al inicio. Una vez que se acomodaba en la cama de Sada, no le gustaba compartirla. Pero esta vez el minino fue indulgente y se levantó sólo para echarse a su lado.
La chica, suspirando, le pasó los dedos cariñosamente, entre las orejas.
— Quizás me estoy volviendo paranoica pero juraría que me han seguido las últimas noches. —
— Déjame reposar un ratito. La cama está fresca y llegué de la calle muy acalorada. —
El gato atigrado le miró con cierta indignación, al inicio. Una vez que se acomodaba en la cama de Sada, no le gustaba compartirla. Pero esta vez el minino fue indulgente y se levantó sólo para echarse a su lado.
La chica, suspirando, le pasó los dedos cariñosamente, entre las orejas.
— Quizás me estoy volviendo paranoica pero juraría que me han seguido las últimas noches. —