Desde el momento en el que entró sangrando y tambaleándose en el escondite, la noche de Castle se volvió totalmente distinta. El cansancio no cesó, por lo que, en vez de dirigirse a limpiar sus heridas, se aplastó contra el sillón más cercano y extendió su brazo, alcanzando una botella. ‘Tepac, 1996’ dictaba la etiqueta en caligrafía sofisticada, aunque la luz débil la hacía casi ilegible.

Sacando el corcho de un golpe, Castle dirigió la corona hacia su herida. La detuvo a unos cuantos milímetros de distancia y pensó, después llevándola hacia su boca y tomando un trago ácido. No era común que Frank dirigiera una herida activa al carajo, salvo por veces en las que una vida corre riesgo. Esta noche es diferente. El dolor lo ciega, y apenas piensa con claridad. Fue cuando movió la cabeza que lo vio.

Una vela aromática que, extrañamente, siempre estuvo allí, y Castle nunca pensó en utilizar. Gruñó al alzarse y caminó con dificultad hacia la mesa. Buscó en su bolsillo, eventualmente retirando un encendedor. Le tomó tres chasquidos desganados para encender. Castle notó cierta ironía, formando una sonrisa agridulce. El palillo de algodón se ennegreció, un olor a sal de mar emergiendo junto a una tira delgada de humo. Sus manos tomaron la vela con delicadeza, iluminándose con la llama. El calor que emergía del vidrio era agradable.

Frank se detuvo y por un par de segundos observó la flama directamente, como si en cualquier momento su familia pudiera emerger de ella. Esto no sucede. El exmilitar suspira y dirige unos momentos más a la vela. La dedicó a ellos. A Lisa, una chica tan brillante que siempre iluminaba la casa. A Frankie, un chico tan idéntico a él que solía sentir que hablaba consigo mismo. A María, una mujer tan radiante que, hasta la fecha, lograba partirle el corazón en pedacitos. Soltó el peso enorme de evitar el duelo, el cual, tras ser liberado, lo inundó de pies a cabeza.

No pudo más. Apartó la vista de la vela y se dirigió hacia el sillón, donde pasaría el resto de la noche bebiendo hasta que la culpa y el anhelo se disiparan, junto al paso de las horas.

[ https://ficrol.com/posts/350625 ]
Desde el momento en el que entró sangrando y tambaleándose en el escondite, la noche de Castle se volvió totalmente distinta. El cansancio no cesó, por lo que, en vez de dirigirse a limpiar sus heridas, se aplastó contra el sillón más cercano y extendió su brazo, alcanzando una botella. ‘Tepac, 1996’ dictaba la etiqueta en caligrafía sofisticada, aunque la luz débil la hacía casi ilegible. Sacando el corcho de un golpe, Castle dirigió la corona hacia su herida. La detuvo a unos cuantos milímetros de distancia y pensó, después llevándola hacia su boca y tomando un trago ácido. No era común que Frank dirigiera una herida activa al carajo, salvo por veces en las que una vida corre riesgo. Esta noche es diferente. El dolor lo ciega, y apenas piensa con claridad. Fue cuando movió la cabeza que lo vio. Una vela aromática que, extrañamente, siempre estuvo allí, y Castle nunca pensó en utilizar. Gruñó al alzarse y caminó con dificultad hacia la mesa. Buscó en su bolsillo, eventualmente retirando un encendedor. Le tomó tres chasquidos desganados para encender. Castle notó cierta ironía, formando una sonrisa agridulce. El palillo de algodón se ennegreció, un olor a sal de mar emergiendo junto a una tira delgada de humo. Sus manos tomaron la vela con delicadeza, iluminándose con la llama. El calor que emergía del vidrio era agradable. Frank se detuvo y por un par de segundos observó la flama directamente, como si en cualquier momento su familia pudiera emerger de ella. Esto no sucede. El exmilitar suspira y dirige unos momentos más a la vela. La dedicó a ellos. A Lisa, una chica tan brillante que siempre iluminaba la casa. A Frankie, un chico tan idéntico a él que solía sentir que hablaba consigo mismo. A María, una mujer tan radiante que, hasta la fecha, lograba partirle el corazón en pedacitos. Soltó el peso enorme de evitar el duelo, el cual, tras ser liberado, lo inundó de pies a cabeza. No pudo más. Apartó la vista de la vela y se dirigió hacia el sillón, donde pasaría el resto de la noche bebiendo hasta que la culpa y el anhelo se disiparan, junto al paso de las horas. [ https://ficrol.com/posts/350625 ]
Me entristece
3
0 turnos 0 maullidos
Patrocinados
Patrocinados