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En el sentido de soñarte; sueño contigo todo el tiempo.
Verso el imperio de tus recuerdos; timbro tus ruegos;
Sigilo de mis pasos al encuentro de la paz;
Mis oraciones son pocas; he regado el iris de las rosas;
sobre lo embrujado de tu arte; tus cosmos acallados.
Tú, mi sedal, mi majestad onírica.
Quiera los alados irrumpir a mi cobijo y entregarte al huso;
Mis ruegos pecan de tan solo pensarte;
Ahí añorada; allí risueña; tendida en la cumbre de destinos.
Los enjambres de lefarias riegan tu nombre entre mis dedos.
No debo pensarte;
Ni siquiera indagar entre tus rostros de profundidades;
Pero si tan solo uno de ellos me dieran el espacio; la cumbre;
tu nombre; revelate como la majestad;
el narciso del poniente que arraiga a las dunas a encontrar;
el cobijo de mis añoranzas; esas pernoctadas entre las estrellas;
Desliza tus atributos de mansedumbre conocida.
Desliza tus cosenos entre mis brazos.
Y no me hagas añorarte; saga de vendavales;
Musa de mis ozonos.
Si tan solo me dieras el aliento a almizcle de tu nombre;
serías malva insana:
Ese mi lugar secreto de sonrisas serenas;
mi juvenil misterio.
mi vieja saga.
Mi sagaz emperatriz.
Contigo estoy privado de despertar.
Pues ante tus flamas; solo el cielo de tu sonrisa.
Y tu sonrisa es el arrullo que inunda las entrañas de mi alborada.
Concisa; arraigada a este universo;
En el que peco ante tu majestad;
de imperio; de arrullo; de candores incorruptos.
Mi cielo; mi mar; mi azucena.
Mi lirio dorado.
Tú y solo tú.
En el sentido de soñarte; sueño contigo todo el tiempo.
Verso el imperio de tus recuerdos; timbro tus ruegos;
Sigilo de mis pasos al encuentro de la paz;
Mis oraciones son pocas; he regado el iris de las rosas;
sobre lo embrujado de tu arte; tus cosmos acallados.
Tú, mi sedal, mi majestad onírica.
Quiera los alados irrumpir a mi cobijo y entregarte al huso;
Mis ruegos pecan de tan solo pensarte;
Ahí añorada; allí risueña; tendida en la cumbre de destinos.
Los enjambres de lefarias riegan tu nombre entre mis dedos.
No debo pensarte;
Ni siquiera indagar entre tus rostros de profundidades;
Pero si tan solo uno de ellos me dieran el espacio; la cumbre;
tu nombre; revelate como la majestad;
el narciso del poniente que arraiga a las dunas a encontrar;
el cobijo de mis añoranzas; esas pernoctadas entre las estrellas;
Desliza tus atributos de mansedumbre conocida.
Desliza tus cosenos entre mis brazos.
Y no me hagas añorarte; saga de vendavales;
Musa de mis ozonos.
Si tan solo me dieras el aliento a almizcle de tu nombre;
serías malva insana:
Ese mi lugar secreto de sonrisas serenas;
mi juvenil misterio.
mi vieja saga.
Mi sagaz emperatriz.
Contigo estoy privado de despertar.
Pues ante tus flamas; solo el cielo de tu sonrisa.
Y tu sonrisa es el arrullo que inunda las entrañas de mi alborada.
Concisa; arraigada a este universo;
En el que peco ante tu majestad;
de imperio; de arrullo; de candores incorruptos.
Mi cielo; mi mar; mi azucena.
Mi lirio dorado.
Tú y solo tú.
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En el sentido de soñarte; sueño contigo todo el tiempo.
Verso el imperio de tus recuerdos; timbro tus ruegos;
Sigilo de mis pasos al encuentro de la paz;
Mis oraciones son pocas; he regado el iris de las rosas;
sobre lo embrujado de tu arte; tus cosmos acallados.
Tú, mi sedal, mi majestad onírica.
Quiera los alados irrumpir a mi cobijo y entregarte al huso;
Mis ruegos pecan de tan solo pensarte;
Ahí añorada; allí risueña; tendida en la cumbre de destinos.
Los enjambres de lefarias riegan tu nombre entre mis dedos.
No debo pensarte;
Ni siquiera indagar entre tus rostros de profundidades;
Pero si tan solo uno de ellos me dieran el espacio; la cumbre;
tu nombre; revelate como la majestad;
el narciso del poniente que arraiga a las dunas a encontrar;
el cobijo de mis añoranzas; esas pernoctadas entre las estrellas;
Desliza tus atributos de mansedumbre conocida.
Desliza tus cosenos entre mis brazos.
Y no me hagas añorarte; saga de vendavales;
Musa de mis ozonos.
Si tan solo me dieras el aliento a almizcle de tu nombre;
serías malva insana:
Ese mi lugar secreto de sonrisas serenas;
mi juvenil misterio.
mi vieja saga.
Mi sagaz emperatriz.
Contigo estoy privado de despertar.
Pues ante tus flamas; solo el cielo de tu sonrisa.
Y tu sonrisa es el arrullo que inunda las entrañas de mi alborada.
Concisa; arraigada a este universo;
En el que peco ante tu majestad;
de imperio; de arrullo; de candores incorruptos.
Mi cielo; mi mar; mi azucena.
Mi lirio dorado.
Tú y solo tú.