–Disfruto profundamente del café y del vino, su aroma denso, el cuerpo que se posa en el paladar, la especia que despierta los sentidos. Siempre me ha atraído el amargor, pues hay verdad en él, hay honestidad que no necesita endulzarse.
–Tal vez por eso la sangre amarga también me resulta tentadora, aunque no deja de ser un capricho, uplacer que me concedo en contadas ocasiones, como quien se permite un pecado consciente.
–Tal vez por eso la sangre amarga también me resulta tentadora, aunque no deja de ser un capricho, uplacer que me concedo en contadas ocasiones, como quien se permite un pecado consciente.
–Disfruto profundamente del café y del vino, su aroma denso, el cuerpo que se posa en el paladar, la especia que despierta los sentidos. Siempre me ha atraído el amargor, pues hay verdad en él, hay honestidad que no necesita endulzarse.
–Tal vez por eso la sangre amarga también me resulta tentadora, aunque no deja de ser un capricho, uplacer que me concedo en contadas ocasiones, como quien se permite un pecado consciente.