El eco resonaba por las paredes de la bóveda, no era su voz, eran los murmullos. Para la gente era más fácil hablar de supuestos, sin saber que aquel eco solo era el sonido de una corona cayendo al vacío. Eco... Eco...... Eco.
El eco resonaba por las paredes de la bóveda, no era su voz, eran los murmullos. Para la gente era más fácil hablar de supuestos, sin saber que aquel eco solo era el sonido de una corona cayendo al vacío. Eco... Eco...... Eco.