— Pan, pan. Lleve su pancito caliente.

Estaba parada en una esquina con una canasta de mimbre entre las manos, este le pesaba cantidad. Pero ella seguía allí con una sonrisa dibujada en la cara y con una impaciencia disimulada. Sus ropas eran un vestido marrón corto con holanes blancos y sobre el vestido un suéter abierto también de color blanco, medias y zapatos planos negros.

Algunas personas le compraban al ver la aparente apariencia adorable de la chica, otros jóvenes la miraban de arriba a abajo burlándose de su aspecto. Faltaba poco para terminar, y ahí sí esos chicos imbéciles serían blanco de su enojo.

— Sí, lleve su pan. Lo hice yo misma.
— Pan, pan. Lleve su pancito caliente. Estaba parada en una esquina con una canasta de mimbre entre las manos, este le pesaba cantidad. Pero ella seguía allí con una sonrisa dibujada en la cara y con una impaciencia disimulada. Sus ropas eran un vestido marrón corto con holanes blancos y sobre el vestido un suéter abierto también de color blanco, medias y zapatos planos negros. Algunas personas le compraban al ver la aparente apariencia adorable de la chica, otros jóvenes la miraban de arriba a abajo burlándose de su aspecto. Faltaba poco para terminar, y ahí sí esos chicos imbéciles serían blanco de su enojo. — Sí, lleve su pan. Lo hice yo misma.
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