Si Dios es infinito, la Biblia es una reducción obscena.
Entender la inmensidad a través de un libro es creer que el infinito aceptaría ser comprimido en oraciones.
Que el Todo (violento, silencioso, indiferente) puede caber en cuero, tinta y capítulos numerados.
La Biblia no es el encuentro con lo sagrado.
Es donde lo sagrado fue reducido para que no diera miedo.
No muestra el abismo. Lo domestica.
Es una versión soportable de algo que, en su forma real, sería insoportable para la mente humana.
Leerla para conocer a Dios es como estudiar una gota y creer que ya entendiste el océano.
O mirar una fotografía del fuego y pensar que ya conoces el calor.
No es revelación. Es contención.
Un sistema de palabras creado por hombres que prefirieron un relato manejable antes que enfrentarse a una realidad que no pide ser entendida ni consoladora.
Quien se aferra al libro no busca al Todo. Busca un límite.
Porque aceptar que Dios cabe en un texto es hacerlo tan pequeño como nuestra imaginación.
Y eso no es fe. Es la forma más elegante de negar lo infinito.
Entender la inmensidad a través de un libro es creer que el infinito aceptaría ser comprimido en oraciones.
Que el Todo (violento, silencioso, indiferente) puede caber en cuero, tinta y capítulos numerados.
La Biblia no es el encuentro con lo sagrado.
Es donde lo sagrado fue reducido para que no diera miedo.
No muestra el abismo. Lo domestica.
Es una versión soportable de algo que, en su forma real, sería insoportable para la mente humana.
Leerla para conocer a Dios es como estudiar una gota y creer que ya entendiste el océano.
O mirar una fotografía del fuego y pensar que ya conoces el calor.
No es revelación. Es contención.
Un sistema de palabras creado por hombres que prefirieron un relato manejable antes que enfrentarse a una realidad que no pide ser entendida ni consoladora.
Quien se aferra al libro no busca al Todo. Busca un límite.
Porque aceptar que Dios cabe en un texto es hacerlo tan pequeño como nuestra imaginación.
Y eso no es fe. Es la forma más elegante de negar lo infinito.
Si Dios es infinito, la Biblia es una reducción obscena.
Entender la inmensidad a través de un libro es creer que el infinito aceptaría ser comprimido en oraciones.
Que el Todo (violento, silencioso, indiferente) puede caber en cuero, tinta y capítulos numerados.
La Biblia no es el encuentro con lo sagrado.
Es donde lo sagrado fue reducido para que no diera miedo.
No muestra el abismo. Lo domestica.
Es una versión soportable de algo que, en su forma real, sería insoportable para la mente humana.
Leerla para conocer a Dios es como estudiar una gota y creer que ya entendiste el océano.
O mirar una fotografía del fuego y pensar que ya conoces el calor.
No es revelación. Es contención.
Un sistema de palabras creado por hombres que prefirieron un relato manejable antes que enfrentarse a una realidad que no pide ser entendida ni consoladora.
Quien se aferra al libro no busca al Todo. Busca un límite.
Porque aceptar que Dios cabe en un texto es hacerlo tan pequeño como nuestra imaginación.
Y eso no es fe. Es la forma más elegante de negar lo infinito.