Las dos entradas reposaban sobre la mesa del salón. Ambas tenían dueño, o al menos, eso pensaba cuando las adquirió y ahora, no tenía quien le acompañara a una velada que se antojaba interesante y divertida. No la culpaba. No se culpaba. Las cosas no suelen salir como uno lo planea y cuando alguien vive más vidas de las que puede y quiere...