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¿Quién a la simas de tus sesgos al soñar,
Perfuma el honor y el amor de una delicia,
que duerme y sueña,
que sueña y duerme,
como el anido manso de tus algoritmos.

Riega el honor que pasta en la dulzura,
tus labios de umbral de auroras.
Riegos regados, esperanzados esperantos,
en delimitado somnoliento?

Tersa mejilla en la que forjas tus imperios,
sobre el soñar de tus reliquias,
¿sabrás lo que es el resurgir bendito?
¿Errarás por mi causa la nación de tu honor?
Pulsa el bocado de tu soledad,
Enciende la rueca de este amanecer.

En el que somos dos cuencas ciegas,
de gestos arropados,
de briznas,
acérrima secuencia.

El mirar de tu sonrisa es mi fuente de acuarelas.
Y yo en tu honor surjo pulsátil.
Como una verborrea,
que se engendra desde la soledad.
Amurallada contienda entre el delirio de mi rosa.
Esa rosa con la que nazco al derecho y al reverso.
Y que mueve sus ojivales,
con los aromas de sus matices
en mis manos pordioseras.

De engendrados amores,
son esos, cavernosos,
como sólo tú pudiste salvaguardarte,
en tu ser,
del deshonor,
en la columna de mis ruegos.
sobre el heraldo de tu cauce.

--- ¿Quién a la simas de tus sesgos al soñar, Perfuma el honor y el amor de una delicia, que duerme y sueña, que sueña y duerme, como el anido manso de tus algoritmos. Riega el honor que pasta en la dulzura, tus labios de umbral de auroras. Riegos regados, esperanzados esperantos, en delimitado somnoliento? Tersa mejilla en la que forjas tus imperios, sobre el soñar de tus reliquias, ¿sabrás lo que es el resurgir bendito? ¿Errarás por mi causa la nación de tu honor? Pulsa el bocado de tu soledad, Enciende la rueca de este amanecer. En el que somos dos cuencas ciegas, de gestos arropados, de briznas, acérrima secuencia. El mirar de tu sonrisa es mi fuente de acuarelas. Y yo en tu honor surjo pulsátil. Como una verborrea, que se engendra desde la soledad. Amurallada contienda entre el delirio de mi rosa. Esa rosa con la que nazco al derecho y al reverso. Y que mueve sus ojivales, con los aromas de sus matices en mis manos pordioseras. De engendrados amores, son esos, cavernosos, como sólo tú pudiste salvaguardarte, en tu ser, del deshonor, en la columna de mis ruegos. sobre el heraldo de tu cauce.
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