— Estaban recién duchados, el bebé dormía tranquilamente en la habitación adjunta y Mika le había pedido a su amado que no se esforzara mucho en arreglarse y solo se habían quedando en bata.

Lo llevó hasta el balcón, el cual había insistido todo el día en mantener cerrado para que la hermosa vista del alojamiento fuera una sorpresa.
Era su primera noche en aquel hermoso país y quería que fuera especial, como una segunda luna de miel.
Descubrió con cuidado los ojos de su esposo y lo invitó a mirar aquella escena, tranquila, íntima y llena de ese calor familiar que tanto les gustaba.
Lo abrazó dulcemente por la espalda y besó su cuello con delicadeza. —

¿Y bien? ¿Qué opina mi amado esposo?
— Estaban recién duchados, el bebé dormía tranquilamente en la habitación adjunta y Mika le había pedido a su amado que no se esforzara mucho en arreglarse y solo se habían quedando en bata. Lo llevó hasta el balcón, el cual había insistido todo el día en mantener cerrado para que la hermosa vista del alojamiento fuera una sorpresa. Era su primera noche en aquel hermoso país y quería que fuera especial, como una segunda luna de miel. Descubrió con cuidado los ojos de su esposo y lo invitó a mirar aquella escena, tranquila, íntima y llena de ese calor familiar que tanto les gustaba. Lo abrazó dulcemente por la espalda y besó su cuello con delicadeza. — ¿Y bien? ¿Qué opina mi amado esposo?
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