Qué placer es volver al arte del shibari, a ese dibujo pausado sobre la piel. Me fascina cómo una cuerda transforma la vulnerabilidad en una obra de arte, utilizando la línea y la presión para esculpir la anatomía y convertir cada centímetro de cuerpo en una escultura que respira y siente.
Qué placer es volver al arte del shibari, a ese dibujo pausado sobre la piel. Me fascina cómo una cuerda transforma la vulnerabilidad en una obra de arte, utilizando la línea y la presión para esculpir la anatomía y convertir cada centímetro de cuerpo en una escultura que respira y siente.
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