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Fandom Stranger Things
Categorรญa Acción
๐˜›๐˜ฐ๐˜ฅ๐˜ฐ ๐˜ค๐˜ฐ๐˜ฎ๐˜ฆ๐˜ฏ๐˜ป๐˜ฐฬ ๐˜ข๐˜ญ ๐˜ณ๐˜ฆ๐˜จ๐˜ณ๐˜ฆ๐˜ด๐˜ข๐˜ณ ๐˜ฅ๐˜ฆ ๐˜Œ๐˜ท๐˜ข๐˜ฏ๐˜ด๐˜ท๐˜ช๐˜ญ๐˜ญ๐˜ฆ.
๐˜ˆ๐˜ฏ๐˜ต๐˜ฆ๐˜ด ๐˜ฅ๐˜ฆ ๐˜ฒ๐˜ถ๐˜ฆ ๐˜ฆ๐˜ญ ๐˜ค๐˜ช๐˜ฆ๐˜ญ๐˜ฐ ๐˜ด๐˜ฆ ๐˜ต๐˜ฐ๐˜ณ๐˜ฏ๐˜ข๐˜ณ๐˜ข ๐˜ณ๐˜ฐ๐˜ซ๐˜ฐ.
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La experiencia Evansville había sido un infierno silencioso: intentos fracasados, noches sin doque punzaban su cabeza sin pedir permiso, una mala experiencia con marcas invisibles pero profundas. Los dedos temblando al llamar a su madre, suplicándole volver de nuevo a casa.

Hawkins apareció en el horizonte con la misma forma de siempre, pero no con el mismo significado ni la misma apariencia. Ni las mismas personas.

El reencuentro con su familia fue frío, doloroso, lleno de indiferencia y gritos. Silencios de su madre. Miradas de su padre en las que no quería profundizar. Ni siquiera se molestaron en preguntar lo que había pasado.

Había vuelto a un lugar que ya no sabía cómo sostenerla… o quizá nunca había sabido hacerlo.

El día en que todo cambió salió de su casa, no aguantaba más la opresión de la cárcel familiar. El pueblo estaba inquietantemente tranquilo, como si contuviera la respiración.

Y de pronto, el suelo vibró apenas un segundo antes de que todo se desatara.

El temblor había llegado sin aviso.

Hawkins y ella estaban acostumbradas a cosas raras, pero aquello no fue “raro”. Fue violento, definitivo. El suelo se abrió como si algo desde abajo reclamara el mundo de arriba, y ella apenas tuvo tiempo de gritar antes de que el asfalto cediera bajo sus pies.

De pronto, cuando quiso darse cuenta de lo sucedido, encontró la oscuridad y el silencio.

Y después… sin saber siquiera cuanto tiempo había pasado, llegaron las voces. Sus voces. O las de su imaginación.

Voces guturales, rasgadas, en las que escuchaba cada error, cada pérdida, cada secreto enterrado, repitiéndose una y otra vez entre las paredes húmedas de aquella grieta y su cabeza. Quizás fuese la cadena de factores y el repentino momento de fin del mundo, pero tenía la sensación de notar de algo más, como una respiración o pulso.

El ambiente helado. El sentido perdido del tiempo. La desorientación. Quizás se estaba volviendo loca, y no conseguía recolocarse como era debido.

Antes del temblor había pensado que lo peor ya había pasado en Evansville. Que había sobrevivido a lo impensable. Pero atrapada entre tierra rota y su propia cabeza, comprendió que Hawkins no era un refugio. Nunca lo había sido.

Se estaba rompiendo por momentos, porque cada segundo que pasaba no lograba dar con la salida. No sabía si daba vueltas, si estaba quieta. Sus propias emociones la estaban consumiendo, el terror de no saber como salir de aquel lugar. Los susurros.

Y justo en el instante en que su estabilidad mental comenzó a resquebrajarse, lo malo se hizo más intenso. El dolor dio paso a los gritos. Los gritos, al llanto.

Y el llanto, en confusión espacio-temporal.
๐˜›๐˜ฐ๐˜ฅ๐˜ฐ ๐˜ค๐˜ฐ๐˜ฎ๐˜ฆ๐˜ฏ๐˜ป๐˜ฐฬ ๐˜ข๐˜ญ ๐˜ณ๐˜ฆ๐˜จ๐˜ณ๐˜ฆ๐˜ด๐˜ข๐˜ณ ๐˜ฅ๐˜ฆ ๐˜Œ๐˜ท๐˜ข๐˜ฏ๐˜ด๐˜ท๐˜ช๐˜ญ๐˜ญ๐˜ฆ. ๐˜ˆ๐˜ฏ๐˜ต๐˜ฆ๐˜ด ๐˜ฅ๐˜ฆ ๐˜ฒ๐˜ถ๐˜ฆ ๐˜ฆ๐˜ญ ๐˜ค๐˜ช๐˜ฆ๐˜ญ๐˜ฐ ๐˜ด๐˜ฆ ๐˜ต๐˜ฐ๐˜ณ๐˜ฏ๐˜ข๐˜ณ๐˜ข ๐˜ณ๐˜ฐ๐˜ซ๐˜ฐ. ๐˜ˆ๐˜ฏ๐˜ต๐˜ฆ๐˜ด ๐˜ฅ๐˜ฆ ๐˜ฒ๐˜ถ๐˜ฆ ๐˜ญ๐˜ฐ๐˜ด ๐˜ฎ๐˜ช๐˜ญ๐˜ช๐˜ต๐˜ข๐˜ณ๐˜ฆ๐˜ด ๐˜ด๐˜ฆ ๐˜ข๐˜ฑ๐˜ฐ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ณ๐˜ข๐˜ด๐˜ฆ๐˜ฏ ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ญ ๐˜ฑ๐˜ถ๐˜ฆ๐˜ฃ๐˜ญ๐˜ฐ. La experiencia Evansville había sido un infierno silencioso: intentos fracasados, noches sin doque punzaban su cabeza sin pedir permiso, una mala experiencia con marcas invisibles pero profundas. Los dedos temblando al llamar a su madre, suplicándole volver de nuevo a casa. Hawkins apareció en el horizonte con la misma forma de siempre, pero no con el mismo significado ni la misma apariencia. Ni las mismas personas. El reencuentro con su familia fue frío, doloroso, lleno de indiferencia y gritos. Silencios de su madre. Miradas de su padre en las que no quería profundizar. Ni siquiera se molestaron en preguntar lo que había pasado. Había vuelto a un lugar que ya no sabía cómo sostenerla… o quizá nunca había sabido hacerlo. El día en que todo cambió salió de su casa, no aguantaba más la opresión de la cárcel familiar. El pueblo estaba inquietantemente tranquilo, como si contuviera la respiración. Y de pronto, el suelo vibró apenas un segundo antes de que todo se desatara. El temblor había llegado sin aviso. Hawkins y ella estaban acostumbradas a cosas raras, pero aquello no fue “raro”. Fue violento, definitivo. El suelo se abrió como si algo desde abajo reclamara el mundo de arriba, y ella apenas tuvo tiempo de gritar antes de que el asfalto cediera bajo sus pies. De pronto, cuando quiso darse cuenta de lo sucedido, encontró la oscuridad y el silencio. Y después… sin saber siquiera cuanto tiempo había pasado, llegaron las voces. Sus voces. O las de su imaginación. Voces guturales, rasgadas, en las que escuchaba cada error, cada pérdida, cada secreto enterrado, repitiéndose una y otra vez entre las paredes húmedas de aquella grieta y su cabeza. Quizás fuese la cadena de factores y el repentino momento de fin del mundo, pero tenía la sensación de notar de algo más, como una respiración o pulso. El ambiente helado. El sentido perdido del tiempo. La desorientación. Quizás se estaba volviendo loca, y no conseguía recolocarse como era debido. Antes del temblor había pensado que lo peor ya había pasado en Evansville. Que había sobrevivido a lo impensable. Pero atrapada entre tierra rota y su propia cabeza, comprendió que Hawkins no era un refugio. Nunca lo había sido. Se estaba rompiendo por momentos, porque cada segundo que pasaba no lograba dar con la salida. No sabía si daba vueltas, si estaba quieta. Sus propias emociones la estaban consumiendo, el terror de no saber como salir de aquel lugar. Los susurros. Y justo en el instante en que su estabilidad mental comenzó a resquebrajarse, lo malo se hizo más intenso. El dolor dio paso a los gritos. Los gritos, al llanto. Y el llanto, en confusión espacio-temporal.
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Grupal
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