Un nuevo comienzo
Fandom Kuroshitsuji
Categoría Otros
Lugar: Mansión Phantomhive, Londres
Hora: 11:47 p. m.
Clima: Noche cerrada, lluvia fina golpeando los ventanales, niebla espesa envolviendo la propiedad.

ON

*Sebastian Michaelis sostenía la copa con una precisión impecable, como si incluso el cristal comprendiera la jerarquía que gobernaba la mansión Phantomhive. El vino oscuro reposaba en silencio, reflejando la luz trémula de los candelabros que iluminaban el salón principal, mientras la lluvia marcaba un ritmo constante contra los ventanales.

La mansión estaba en calma, sin embargo, no era una calma vacía, sino una cuidadosamente impuesta. Afuera, la niebla se aferraba a los jardines como una presencia viva; mientras que dentro, los muros antiguos observaban, cómplices mudos de contratos que jamás debían pronunciarse en voz alta.

Sebastian permanecía de pie, erguido, con la compostura intacta, como si incluso la soledad formara parte de su servicio.
Giró entonces la copa con lentitud, escuchando el leve roce del líquido contra el cristal, sus ojos carmesíes no mostraban emoción alguna y aunque en su mirada habitaba una atención despierta, el no necesitaba compañía pues la oscuridad le resultaba familiar.

Dejó la copa sobre la mesa con un gesto suave, casi ceremonial. El sonido se disipó entre el crepitar distante del fuego y el murmullo de la tormenta. Fue entonces que aquel demonio inclinó apenas la cabeza, no hacia nadie en particular, sino hacia el pacto invisible que lo ataba a ese lugar. Su expresión era serena, educada… peligrosamente honesta pues se dejó ver con una sonrisa ladina a su acto.

Aquí, la mansión Phantomhive no dormía, Sebastian Michaelis, su mayordomo, permanecía vigilante, paciente, aguardando el momento exacto en que la noche exigiría su intervención.* ~
Lugar: Mansión Phantomhive, Londres Hora: 11:47 p. m. Clima: Noche cerrada, lluvia fina golpeando los ventanales, niebla espesa envolviendo la propiedad. ON *Sebastian Michaelis sostenía la copa con una precisión impecable, como si incluso el cristal comprendiera la jerarquía que gobernaba la mansión Phantomhive. El vino oscuro reposaba en silencio, reflejando la luz trémula de los candelabros que iluminaban el salón principal, mientras la lluvia marcaba un ritmo constante contra los ventanales. La mansión estaba en calma, sin embargo, no era una calma vacía, sino una cuidadosamente impuesta. Afuera, la niebla se aferraba a los jardines como una presencia viva; mientras que dentro, los muros antiguos observaban, cómplices mudos de contratos que jamás debían pronunciarse en voz alta. Sebastian permanecía de pie, erguido, con la compostura intacta, como si incluso la soledad formara parte de su servicio. Giró entonces la copa con lentitud, escuchando el leve roce del líquido contra el cristal, sus ojos carmesíes no mostraban emoción alguna y aunque en su mirada habitaba una atención despierta, el no necesitaba compañía pues la oscuridad le resultaba familiar. Dejó la copa sobre la mesa con un gesto suave, casi ceremonial. El sonido se disipó entre el crepitar distante del fuego y el murmullo de la tormenta. Fue entonces que aquel demonio inclinó apenas la cabeza, no hacia nadie en particular, sino hacia el pacto invisible que lo ataba a ese lugar. Su expresión era serena, educada… peligrosamente honesta pues se dejó ver con una sonrisa ladina a su acto. Aquí, la mansión Phantomhive no dormía, Sebastian Michaelis, su mayordomo, permanecía vigilante, paciente, aguardando el momento exacto en que la noche exigiría su intervención.* ~
Tipo
Grupal
Líneas
10
Estado
Disponible
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