— El fin de semana debería durar más tiempo. Con tres días sería perfecto.

Nunca pensó que lo admitiría en voz alta, mucho menos llegó a pensar que sería del grupo de personas que terminaría siendo abofeteado por la realidad. Siempre se había reído de que podía pasar más tiempo trabajando que descansando pero, ahora que estaba cerca de los treinta, sentía que el cuerpo le pasaba la factura.

Era tarde, demasiado para alguien que apenas tomaba el almuerzo cuando anochecía, quizás el ver que su alarma sonaría en menos de ocho horas era lo que más le deprimía. Eso, o que los fideos instantáneos, de ese nuevo lugar que había visto en redes sociales, no sabían tan buenos como los demás decían. ¿Es que su paladar ya tampoco se adaptaba a las modas pasajeras de los adolescentes?

— Quizá debería pedirme un día extra e vacaciones. O podría reportarme enfermo. Y si... —Por un momento se mal viajó. Una costumbre rara que tenía de quedarse pensando mientras miraba un punto fijo, cualquiera, hasta que la idea completa se armaba en su mente para revisar su escenario: Llegar a la oficina, registrar su asistencia y, casualmente, tropezarse en las escaleras para ganar una incapacidad. Negó entonces, nerviosamente y se asustó de su propia idea.— Definitivamente no hay otra opción, odio los lunes.
— El fin de semana debería durar más tiempo. Con tres días sería perfecto. Nunca pensó que lo admitiría en voz alta, mucho menos llegó a pensar que sería del grupo de personas que terminaría siendo abofeteado por la realidad. Siempre se había reído de que podía pasar más tiempo trabajando que descansando pero, ahora que estaba cerca de los treinta, sentía que el cuerpo le pasaba la factura. Era tarde, demasiado para alguien que apenas tomaba el almuerzo cuando anochecía, quizás el ver que su alarma sonaría en menos de ocho horas era lo que más le deprimía. Eso, o que los fideos instantáneos, de ese nuevo lugar que había visto en redes sociales, no sabían tan buenos como los demás decían. ¿Es que su paladar ya tampoco se adaptaba a las modas pasajeras de los adolescentes? — Quizá debería pedirme un día extra e vacaciones. O podría reportarme enfermo. Y si... —Por un momento se mal viajó. Una costumbre rara que tenía de quedarse pensando mientras miraba un punto fijo, cualquiera, hasta que la idea completa se armaba en su mente para revisar su escenario: Llegar a la oficina, registrar su asistencia y, casualmente, tropezarse en las escaleras para ganar una incapacidad. Negó entonces, nerviosamente y se asustó de su propia idea.— Definitivamente no hay otra opción, odio los lunes.
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