La lluvia golpeaba suavemente contra los ventanales del lujoso hotel, pintando siluetas borrosas en los cristales. Afuera, la ciudad parecía susurrar secretos entre gotas, mientras las luces de los autos creaban reflejos temblorosos en el pavimento mojado.

Dentro del vestíbulo principal, la bajita puercoespín se encontraba de pie, inmóvil como una estatua, con un esmoquin negro perfectamente ajustado a su figura delgada y femenina.

Su corbata se le había torcido por la carrera anterior, así que, con una expresión tranquila y dedos ágiles, se la acomodó frente a un espejo cercano. Sus ojos, más brillantes que nunca, reflejaban una mezcla de emoción y concentración.

—Mi primer trabajo como guarda de seguridad. —murmuró para sí, dejando escapar una sonrisa, mientras pensaba en lo emocionada: ser guarda de seguridad de un político extranjero en medio de una situación peligrosa.

**La misión comenzó desde la puerta del hotel.**
Cuando el cliente bajó, rodeado de asistentes y escoltas tradicionales, la puercoespín caminaba a su lado con paso seguro. De pronto, entre la multitud y la lluvia, una figura sospechosa se lanzó hacia el cliente empuñando un arma.

—¡Hey! ¡Usted! —gritó un guardaespaldas, pero fue la roedora quien reaccionó primero.

Con un giro ágil, la hembra dio un salto, y con un giro de sus piernas, conectó una patada directa al rostro del agresor. El sujeto cayó al suelo, inconsciente, antes de que pudiera apretar el gatillo.

—Esto de futbolista me ayuda bastante. —murmuró, sacudiéndose el pantalón con aire despreocupado.

Horas más tarde, la puercoespín se mantuvo de pie en una esquina, con los brazos cruzados y la mirada fija como la de un halcón. Su aura, perfectamente controlada, cubría el perímetro. No decía ni una palabra, pero los cazadores de tesoros, mercenarios y ladrones que pensaban robar algo... al sentir esa presión, simplemente se retiraban con un sudor frío recorriéndoles la espalda.

Al caer altas horas de la noche, la criatura tras terminar su trabajo, se dispone a regresar a casa caminando y empapada.por la lluvia, la joven miró su reflejo en un charco, sonriendo feliz.
La lluvia golpeaba suavemente contra los ventanales del lujoso hotel, pintando siluetas borrosas en los cristales. Afuera, la ciudad parecía susurrar secretos entre gotas, mientras las luces de los autos creaban reflejos temblorosos en el pavimento mojado. Dentro del vestíbulo principal, la bajita puercoespín se encontraba de pie, inmóvil como una estatua, con un esmoquin negro perfectamente ajustado a su figura delgada y femenina. Su corbata se le había torcido por la carrera anterior, así que, con una expresión tranquila y dedos ágiles, se la acomodó frente a un espejo cercano. Sus ojos, más brillantes que nunca, reflejaban una mezcla de emoción y concentración. —Mi primer trabajo como guarda de seguridad. —murmuró para sí, dejando escapar una sonrisa, mientras pensaba en lo emocionada: ser guarda de seguridad de un político extranjero en medio de una situación peligrosa. **La misión comenzó desde la puerta del hotel.** Cuando el cliente bajó, rodeado de asistentes y escoltas tradicionales, la puercoespín caminaba a su lado con paso seguro. De pronto, entre la multitud y la lluvia, una figura sospechosa se lanzó hacia el cliente empuñando un arma. —¡Hey! ¡Usted! —gritó un guardaespaldas, pero fue la roedora quien reaccionó primero. Con un giro ágil, la hembra dio un salto, y con un giro de sus piernas, conectó una patada directa al rostro del agresor. El sujeto cayó al suelo, inconsciente, antes de que pudiera apretar el gatillo. —Esto de futbolista me ayuda bastante. —murmuró, sacudiéndose el pantalón con aire despreocupado. Horas más tarde, la puercoespín se mantuvo de pie en una esquina, con los brazos cruzados y la mirada fija como la de un halcón. Su aura, perfectamente controlada, cubría el perímetro. No decía ni una palabra, pero los cazadores de tesoros, mercenarios y ladrones que pensaban robar algo... al sentir esa presión, simplemente se retiraban con un sudor frío recorriéndoles la espalda. Al caer altas horas de la noche, la criatura tras terminar su trabajo, se dispone a regresar a casa caminando y empapada.por la lluvia, la joven miró su reflejo en un charco, sonriendo feliz.
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