El balcón estaba en silencio, apenas acariciado por la brisa nocturna. Dante se recostaba contra la baranda, con una taza aún tibia entre las manos, dejando que el cansancio del día se deslizara fuera de su cuerpo poco a poco. El cielo estaba despejado; las estrellas brillaban con una claridad que solo aparece cuando el mundo parece haberse detenido.
—Siempre te gustaron las noches así…
murmuró con una leve sonrisa, alzando la vista.
—. Decías que las estrellas escuchaban mejor cuando uno hablaba bajito.
Suspiró, cerrando los ojos un instante antes de volver a mirar al cielo.
—Hoy fue largo, mamá. Uno de esos días en los que todo pesa más de la cuenta… reuniones, decisiones, gente que exige respuestas como si yo las tuviera todas.
rió suavemente, sin humor
—. A veces me pregunto si tú también te sentías así y nunca lo dijiste.
Apoyó la frente contra el metal frío del balcón.
—Pero lo hice bien… creo. No me rendí. Respiré hondo, conté hasta diez, y seguí adelante, como me enseñaste.
su voz se suavizó
—. Hubo un momento en que quise salir corriendo, pero pensé en ti… en cómo me mirabas cuando dudaba.
El viento movió un mechón de su cabello y Dante lo acomodó detrás de la oreja.
—Estoy cansada, sí… pero también tranquila. Estar aquí, mirando el cielo, hablándote… me recuerda que no estoy sola del todo.
alzó la taza en un pequeño brindis
—. Mañana será otro día. Prometo descansar un poco más, ¿sí?
Sonrió, sincera, dejando que el silencio la envolviera mientras las estrellas seguían brillando, pacientes, como si realmente estuvieran escuchando.
—Siempre te gustaron las noches así…
murmuró con una leve sonrisa, alzando la vista.
—. Decías que las estrellas escuchaban mejor cuando uno hablaba bajito.
Suspiró, cerrando los ojos un instante antes de volver a mirar al cielo.
—Hoy fue largo, mamá. Uno de esos días en los que todo pesa más de la cuenta… reuniones, decisiones, gente que exige respuestas como si yo las tuviera todas.
rió suavemente, sin humor
—. A veces me pregunto si tú también te sentías así y nunca lo dijiste.
Apoyó la frente contra el metal frío del balcón.
—Pero lo hice bien… creo. No me rendí. Respiré hondo, conté hasta diez, y seguí adelante, como me enseñaste.
su voz se suavizó
—. Hubo un momento en que quise salir corriendo, pero pensé en ti… en cómo me mirabas cuando dudaba.
El viento movió un mechón de su cabello y Dante lo acomodó detrás de la oreja.
—Estoy cansada, sí… pero también tranquila. Estar aquí, mirando el cielo, hablándote… me recuerda que no estoy sola del todo.
alzó la taza en un pequeño brindis
—. Mañana será otro día. Prometo descansar un poco más, ¿sí?
Sonrió, sincera, dejando que el silencio la envolviera mientras las estrellas seguían brillando, pacientes, como si realmente estuvieran escuchando.
El balcón estaba en silencio, apenas acariciado por la brisa nocturna. Dante se recostaba contra la baranda, con una taza aún tibia entre las manos, dejando que el cansancio del día se deslizara fuera de su cuerpo poco a poco. El cielo estaba despejado; las estrellas brillaban con una claridad que solo aparece cuando el mundo parece haberse detenido.
—Siempre te gustaron las noches así…
murmuró con una leve sonrisa, alzando la vista.
—. Decías que las estrellas escuchaban mejor cuando uno hablaba bajito.
Suspiró, cerrando los ojos un instante antes de volver a mirar al cielo.
—Hoy fue largo, mamá. Uno de esos días en los que todo pesa más de la cuenta… reuniones, decisiones, gente que exige respuestas como si yo las tuviera todas.
rió suavemente, sin humor
—. A veces me pregunto si tú también te sentías así y nunca lo dijiste.
Apoyó la frente contra el metal frío del balcón.
—Pero lo hice bien… creo. No me rendí. Respiré hondo, conté hasta diez, y seguí adelante, como me enseñaste.
su voz se suavizó
—. Hubo un momento en que quise salir corriendo, pero pensé en ti… en cómo me mirabas cuando dudaba.
El viento movió un mechón de su cabello y Dante lo acomodó detrás de la oreja.
—Estoy cansada, sí… pero también tranquila. Estar aquí, mirando el cielo, hablándote… me recuerda que no estoy sola del todo.
alzó la taza en un pequeño brindis
—. Mañana será otro día. Prometo descansar un poco más, ¿sí?
Sonrió, sincera, dejando que el silencio la envolviera mientras las estrellas seguían brillando, pacientes, como si realmente estuvieran escuchando.