Epístola 2 – Makima

Querido yo del futuro:

Sé que la carta probablemente sirva de poco. Tu poder, nuestro poder...puede que te la deje leer o puede que te haga leer algo completamente distinto. Si continúas estando tan cuerdo como yo ahora, no será un problema. Han pasado unos veinte años desde que asaltaron la casa y desde entonces lo he hecho bien. Lo estoy haciendo bien. Estoy seguro de que tú estarás leyendo esto con una sonrisa y sabiendo que lo estás haciendo bien.

Recuerdo cuando conocí a Makima, exactamente las circunstancias tal cual han pasado. Nuestra primera salida fue la guerra fría. No sabía que pasaba con ella, mientras que Makima se encontraba con algo desconocido con lo que no sabía como lidiar. Me puso a prueba: cada unidad de comida consumida por cada uno era como una ficha de ajedrez movida al territorio enemigo. E incluso sin llegar a saber ninguno de ambos en qué consistía la otra parte, un apretón de manos sentó la base de un segundo encuentro para la rotura de estas tablas en busca de un vencedor.

Si bien menos tenso el segundo encuentro, nunca lo olvidarás, fue realmente especial. A pesar de las distintas pruebas a las que te sometió, de haber descubierto en base a deducciones su identidad real, de que ella pudiese darse cuenta de tus intenciones y quizás la magnitud de tu poder, hubo menos medidas, menos distancia y menos tensión. Apuesto a que ese encuentro está grabado a fuego en tu mente. Que conservas ese pañuelo que huele a flores, vainilla, lima y jengibre. Porque nunca olvidarás la vez donde su aliento y el tuyo se mezclaron y por primera vez enfrente de ella, sacaste tu lado humano invitándola a una cita.

Aquí debo decirte, querido yo del futuro, que aunque recuerdes lo que sucedió el día siguiente a ese, vas a estar leyéndolo una y otra vez. Querrás volver a ese momento, esa tercera cita a la que llegaste media hora antes con tantas ganas. Cuando...[---]

|| Parecía haber más hojas en este sobre, pero está vacío ||
Epístola 2 – Makima Querido yo del futuro: Sé que la carta probablemente sirva de poco. Tu poder, nuestro poder...puede que te la deje leer o puede que te haga leer algo completamente distinto. Si continúas estando tan cuerdo como yo ahora, no será un problema. Han pasado unos veinte años desde que asaltaron la casa y desde entonces lo he hecho bien. Lo estoy haciendo bien. Estoy seguro de que tú estarás leyendo esto con una sonrisa y sabiendo que lo estás haciendo bien. Recuerdo cuando conocí a Makima, exactamente las circunstancias tal cual han pasado. Nuestra primera salida fue la guerra fría. No sabía que pasaba con ella, mientras que Makima se encontraba con algo desconocido con lo que no sabía como lidiar. Me puso a prueba: cada unidad de comida consumida por cada uno era como una ficha de ajedrez movida al territorio enemigo. E incluso sin llegar a saber ninguno de ambos en qué consistía la otra parte, un apretón de manos sentó la base de un segundo encuentro para la rotura de estas tablas en busca de un vencedor. Si bien menos tenso el segundo encuentro, nunca lo olvidarás, fue realmente especial. A pesar de las distintas pruebas a las que te sometió, de haber descubierto en base a deducciones su identidad real, de que ella pudiese darse cuenta de tus intenciones y quizás la magnitud de tu poder, hubo menos medidas, menos distancia y menos tensión. Apuesto a que ese encuentro está grabado a fuego en tu mente. Que conservas ese pañuelo que huele a flores, vainilla, lima y jengibre. Porque nunca olvidarás la vez donde su aliento y el tuyo se mezclaron y por primera vez enfrente de ella, sacaste tu lado humano invitándola a una cita. Aquí debo decirte, querido yo del futuro, que aunque recuerdes lo que sucedió el día siguiente a ese, vas a estar leyéndolo una y otra vez. Querrás volver a ese momento, esa tercera cita a la que llegaste media hora antes con tantas ganas. Cuando...[---] || Parecía haber más hojas en este sobre, pero está vacío ||
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