— Para mí, el paraíso debe verse y sentirse como el otoño. Con los últimos resquicios del calor veraniego, los árboles pintados de rojo y amarillo y un poquito de verde. Con el olor de los frutos secos tostados, la canela y el vaporcito del Yaki-imo. —
— Para mí, el paraíso debe verse y sentirse como el otoño. Con los últimos resquicios del calor veraniego, los árboles pintados de rojo y amarillo y un poquito de verde. Con el olor de los frutos secos tostados, la canela y el vaporcito del Yaki-imo. —