Hay ausencias que no hacen ruido.
No se despiden, no cierran la puerta.
Simplemente… dejan un hueco donde antes había calor.
Estos días he aprendido que el vacío pesa más que la pérdida declarada.
Porque no sabes qué llorar:
si a la persona,
si a la promesa,
o a la versión de ti que existía cuando aún estabais.
Con Noni he reído más fuerte de lo habitual.
Hemos rozado piel, miradas, labios nuevos.
Hemos dejado que el deseo hable por nosotras cuando yo no sabíamos qué decir.
No es amor.
No es olvido.
Es supervivencia.
A veces el cuerpo se adelanta al corazón,
se vuelve lascivo no por hambre,
sino por miedo a quedarse quieto y sentir.
Los gemelos llegaron como llegan las distracciones bonitas:
sin promesas,
sin pasado,
sin preguntas incómodas.
Y te descubrí sonriendo con la boca
mientras por dentro algo seguía en silencio.
No me avergüenza.
No quiero que te escondas.
Pero tampoco me engaño.
Esto no es llenar el vacío.
Es aprender a respirar alrededor de él
hasta que duela un poco menos.
En tí... Hay mucha más sensibilidad.
Sólo deseo que los demás vean lo que yo veo... Yo te veo.
Te quiere, Lili.
No se despiden, no cierran la puerta.
Simplemente… dejan un hueco donde antes había calor.
Estos días he aprendido que el vacío pesa más que la pérdida declarada.
Porque no sabes qué llorar:
si a la persona,
si a la promesa,
o a la versión de ti que existía cuando aún estabais.
Con Noni he reído más fuerte de lo habitual.
Hemos rozado piel, miradas, labios nuevos.
Hemos dejado que el deseo hable por nosotras cuando yo no sabíamos qué decir.
No es amor.
No es olvido.
Es supervivencia.
A veces el cuerpo se adelanta al corazón,
se vuelve lascivo no por hambre,
sino por miedo a quedarse quieto y sentir.
Los gemelos llegaron como llegan las distracciones bonitas:
sin promesas,
sin pasado,
sin preguntas incómodas.
Y te descubrí sonriendo con la boca
mientras por dentro algo seguía en silencio.
No me avergüenza.
No quiero que te escondas.
Pero tampoco me engaño.
Esto no es llenar el vacío.
Es aprender a respirar alrededor de él
hasta que duela un poco menos.
En tí... Hay mucha más sensibilidad.
Sólo deseo que los demás vean lo que yo veo... Yo te veo.
Te quiere, Lili.
Hay ausencias que no hacen ruido.
No se despiden, no cierran la puerta.
Simplemente… dejan un hueco donde antes había calor.
Estos días he aprendido que el vacío pesa más que la pérdida declarada.
Porque no sabes qué llorar:
si a la persona,
si a la promesa,
o a la versión de ti que existía cuando aún estabais.
Con Noni he reído más fuerte de lo habitual.
Hemos rozado piel, miradas, labios nuevos.
Hemos dejado que el deseo hable por nosotras cuando yo no sabíamos qué decir.
No es amor.
No es olvido.
Es supervivencia.
A veces el cuerpo se adelanta al corazón,
se vuelve lascivo no por hambre,
sino por miedo a quedarse quieto y sentir.
Los gemelos llegaron como llegan las distracciones bonitas:
sin promesas,
sin pasado,
sin preguntas incómodas.
Y te descubrí sonriendo con la boca
mientras por dentro algo seguía en silencio.
No me avergüenza.
No quiero que te escondas.
Pero tampoco me engaño.
Esto no es llenar el vacío.
Es aprender a respirar alrededor de él
hasta que duela un poco menos.
En tí... Hay mucha más sensibilidad.
Sólo deseo que los demás vean lo que yo veo... Yo te veo.
Te quiere, Lili.