En una tarde tibia y tranquila, la puercoespín se encontraba sentada sobre una roca, con las piernas colgando mientras disfruta comiendo pan.

La roedora exótica se quedó quieta por un segundo. Parpadeó. Luego dio un gran mordisco al pan, masticó con entusiasmo y, al terminar, se limpió las migas con su brazo.
En una tarde tibia y tranquila, la puercoespín se encontraba sentada sobre una roca, con las piernas colgando mientras disfruta comiendo pan. La roedora exótica se quedó quieta por un segundo. Parpadeó. Luego dio un gran mordisco al pan, masticó con entusiasmo y, al terminar, se limpió las migas con su brazo.
Me encocora
2
0 turnos 0 maullidos
Patrocinados
Patrocinados