En aquellas noches cuando la sed de un licor le invadía. Solía beber de su vino predilecto.
Hasta hace unos días lo hacía solo, mientras se quedaba hundido en la apatía constante que tenía y sentimientos de hastío.
Pero ahora, tenía una buena compañera. Aquél pequeño gato negro que había adoptado.
¿Qué más podría pedir en ese momento? Si ya lo tenía todo.
Hasta hace unos días lo hacía solo, mientras se quedaba hundido en la apatía constante que tenía y sentimientos de hastío.
Pero ahora, tenía una buena compañera. Aquél pequeño gato negro que había adoptado.
¿Qué más podría pedir en ese momento? Si ya lo tenía todo.
En aquellas noches cuando la sed de un licor le invadía. Solía beber de su vino predilecto.
Hasta hace unos días lo hacía solo, mientras se quedaba hundido en la apatía constante que tenía y sentimientos de hastío.
Pero ahora, tenía una buena compañera. Aquél pequeño gato negro que había adoptado.
¿Qué más podría pedir en ese momento? Si ya lo tenía todo.