— En todas nosotras hay un pedacito de paraíso. Aún si estamos llenas de ira, salvajismo, dulzura o melancolía, nada de ello condiciona el Edén particular de cada mujer. Y eso no nos vuelve ángeles y tampoco demonios. Somos nuestro propio concepto.—
— En todas nosotras hay un pedacito de paraíso. Aún si estamos llenas de ira, salvajismo, dulzura o melancolía, nada de ello condiciona el Edén particular de cada mujer. Y eso no nos vuelve ángeles y tampoco demonios. Somos nuestro propio concepto.—