No podía creer lo que había encontrado.

Algo más valioso que las joyas que gustaba de atesorar, incluso mejor que un interesante e intenso combate.

En una de las calles por las que no solía caminar, tuvo la dicha de encontrarse con un pequeño y regordete gato negro.

Los animales pequeños como esos, ablandaban el corazón del dragón, quien siempre tenía la expresión de enojo o hastío presente.

Per con esa pequeña criatura, él no podía mostrarse así.

Embelesado con su figura tan adorable, no pudo evitar el tomarlo en brazos y llevarlo consigo.

── Serás un Feu. ¡Conocerás a mis hermanos! Te van agradar... ¿Oye, te gustan los pingüinos? Hay en casa. ──

Preguntaba y hablaba de todas cosas en el trayecto, como si el felino pudiera hacer otro sonido más allá del maullido.

No hacía falta palabra alguna, el corazón les unía.
No podía creer lo que había encontrado. Algo más valioso que las joyas que gustaba de atesorar, incluso mejor que un interesante e intenso combate. En una de las calles por las que no solía caminar, tuvo la dicha de encontrarse con un pequeño y regordete gato negro. Los animales pequeños como esos, ablandaban el corazón del dragón, quien siempre tenía la expresión de enojo o hastío presente. Per con esa pequeña criatura, él no podía mostrarse así. Embelesado con su figura tan adorable, no pudo evitar el tomarlo en brazos y llevarlo consigo. ── Serás un Feu. ¡Conocerás a mis hermanos! Te van agradar... ¿Oye, te gustan los pingüinos? Hay en casa. ── Preguntaba y hablaba de todas cosas en el trayecto, como si el felino pudiera hacer otro sonido más allá del maullido. No hacía falta palabra alguna, el corazón les unía.
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