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Isla permaneció de pie en el umbral del cuarto, sin atreverse a entrar del todo. Todo allí hablaba de una vida que no había vivido. Brianna había crecido sin ella, y aquel espacio era la prueba más dolorosa de ello.
Avanzó un paso rozando con los dedos el respaldo de una silla. Le tembló la mano mientras se dentaba despacio en el borde de la cama.
—¿Volverás…? —se preguntó en silencio, con un nudo en la garganta—. ¿Querrás siquiera mirarme…?
Imaginó a Brianna entrando por la puerta, viéndola allí, ocupando un sitio que no le pertenecía. La culpa le pesó más que el cansancio de todos esos años.
—Si me das la oportunidad… —pensó—, haré lo que sea para arreglarlo, aunque sea despacio.
El cuarto permaneció en silencio. Y aun así, Isla se quedó allí, esperando, como si el simple hecho de estar cerca fuera ya un primer paso.
Isla permaneció de pie en el umbral del cuarto, sin atreverse a entrar del todo. Todo allí hablaba de una vida que no había vivido. Brianna había crecido sin ella, y aquel espacio era la prueba más dolorosa de ello.
Avanzó un paso rozando con los dedos el respaldo de una silla. Le tembló la mano mientras se dentaba despacio en el borde de la cama.
—¿Volverás…? —se preguntó en silencio, con un nudo en la garganta—. ¿Querrás siquiera mirarme…?
Imaginó a Brianna entrando por la puerta, viéndola allí, ocupando un sitio que no le pertenecía. La culpa le pesó más que el cansancio de todos esos años.
—Si me das la oportunidad… —pensó—, haré lo que sea para arreglarlo, aunque sea despacio.
El cuarto permaneció en silencio. Y aun así, Isla se quedó allí, esperando, como si el simple hecho de estar cerca fuera ya un primer paso.
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Isla permaneció de pie en el umbral del cuarto, sin atreverse a entrar del todo. Todo allí hablaba de una vida que no había vivido. Brianna había crecido sin ella, y aquel espacio era la prueba más dolorosa de ello.
Avanzó un paso rozando con los dedos el respaldo de una silla. Le tembló la mano mientras se dentaba despacio en el borde de la cama.
—¿Volverás…? —se preguntó en silencio, con un nudo en la garganta—. ¿Querrás siquiera mirarme…?
Imaginó a Brianna entrando por la puerta, viéndola allí, ocupando un sitio que no le pertenecía. La culpa le pesó más que el cansancio de todos esos años.
—Si me das la oportunidad… —pensó—, haré lo que sea para arreglarlo, aunque sea despacio.
El cuarto permaneció en silencio. Y aun así, Isla se quedó allí, esperando, como si el simple hecho de estar cerca fuera ya un primer paso.