Nuestra hija ha crecido sin ti, lo digo sin reproches, pero tampoco es algo que pueda suavizarse. Tiene dieciséis años y sigue buscándote, en la gente, en los gestos, en su propio reflejo, se parece demasiado a ti para mí desgracia. Dieciséis primaveras preguntando por ti, dieciséis inviernos sin saber que responder. La dejé explorar el mundo, hacerse preguntas, equivocarse. No quise que creciera encerrada en silencios ni en rencores que no eran suyos.
A veces me pregunta cómo hueles para seguirte el rastro. Siempre hay un segundo de pausa antes de responder, porque la verdad es que no lo recuerdo. El aroma por el que un día me desvivía se borró. No fue poco a poco, fue como un bloqueo, supongo que la mente hace lo que puede para seguir en pie.
Ahora solo huelo a jazmín, me centro en el presente. Dejé de mirar el pasado porque cada vez que lo hacía algo dentro de mí se rompía un poco más. Aun así, la espina sigue clavada recordándome que hay cosas que nunca entendí.
Sigo sin saber el porqué y eso escuece. No la ausencia, sino la falta de respuestas. Una herida con explicación duele, pero acaba cerrando y está herida no es así.
Espero que ella, algún día, sepa perdonarte, de verdad lo espero, por su bien. Yo no lo haría, no por odio, sino porque ya me dejé demasiado intentando comprenderte.
Hay algunas noches que sigue costando respirar, que tu recuerdo me asalta como una pesadilla constante, pero tengo una suerte que no merezco cuando ese aroma a Jazmín me abraza, invade mis sentidos y calma mis demonios. No se merece que malgaste ni un solo segundo que vuelva a pensar en ti, no se lo merece.
A veces me pregunta cómo hueles para seguirte el rastro. Siempre hay un segundo de pausa antes de responder, porque la verdad es que no lo recuerdo. El aroma por el que un día me desvivía se borró. No fue poco a poco, fue como un bloqueo, supongo que la mente hace lo que puede para seguir en pie.
Ahora solo huelo a jazmín, me centro en el presente. Dejé de mirar el pasado porque cada vez que lo hacía algo dentro de mí se rompía un poco más. Aun así, la espina sigue clavada recordándome que hay cosas que nunca entendí.
Sigo sin saber el porqué y eso escuece. No la ausencia, sino la falta de respuestas. Una herida con explicación duele, pero acaba cerrando y está herida no es así.
Espero que ella, algún día, sepa perdonarte, de verdad lo espero, por su bien. Yo no lo haría, no por odio, sino porque ya me dejé demasiado intentando comprenderte.
Hay algunas noches que sigue costando respirar, que tu recuerdo me asalta como una pesadilla constante, pero tengo una suerte que no merezco cuando ese aroma a Jazmín me abraza, invade mis sentidos y calma mis demonios. No se merece que malgaste ni un solo segundo que vuelva a pensar en ti, no se lo merece.
Nuestra hija ha crecido sin ti, lo digo sin reproches, pero tampoco es algo que pueda suavizarse. Tiene dieciséis años y sigue buscándote, en la gente, en los gestos, en su propio reflejo, se parece demasiado a ti para mí desgracia. Dieciséis primaveras preguntando por ti, dieciséis inviernos sin saber que responder. La dejé explorar el mundo, hacerse preguntas, equivocarse. No quise que creciera encerrada en silencios ni en rencores que no eran suyos.
A veces me pregunta cómo hueles para seguirte el rastro. Siempre hay un segundo de pausa antes de responder, porque la verdad es que no lo recuerdo. El aroma por el que un día me desvivía se borró. No fue poco a poco, fue como un bloqueo, supongo que la mente hace lo que puede para seguir en pie.
Ahora solo huelo a jazmín, me centro en el presente. Dejé de mirar el pasado porque cada vez que lo hacía algo dentro de mí se rompía un poco más. Aun así, la espina sigue clavada recordándome que hay cosas que nunca entendí.
Sigo sin saber el porqué y eso escuece. No la ausencia, sino la falta de respuestas. Una herida con explicación duele, pero acaba cerrando y está herida no es así.
Espero que ella, algún día, sepa perdonarte, de verdad lo espero, por su bien. Yo no lo haría, no por odio, sino porque ya me dejé demasiado intentando comprenderte.
Hay algunas noches que sigue costando respirar, que tu recuerdo me asalta como una pesadilla constante, pero tengo una suerte que no merezco cuando ese aroma a Jazmín me abraza, invade mis sentidos y calma mis demonios. No se merece que malgaste ni un solo segundo que vuelva a pensar en ti, no se lo merece.