Soomin Park
Jason no se planteó volver al Nocturne en un principio. De hecho, pasó más tiempo del habitual evitando hacerlo.
Se había sentido cómodo con Soo-min, era de las pocas personas que como mínimo podía mirarlo de igual a igual y eso llamaba poderosamente su atención. Que no retrocediera ante los colmillos era... Refrescante.
Pero el Nocturne le molestaba. No en el mal sentido, claro. El problema era que por lo que había visto, funcionaba. Y funcionaba demasiado bien, cuando debería ser un caos bestial, dueña súcubo o no.
Jason había aprendido a convivir con el desorden. De hecho, lo prefería. Las ciudades, los clanes... El caos era una constante útil: advertía, filtraba, servía para corregir lo que no funcionaba.
El Nocturne no parecía fallar.
No parecía haber tensiones acumulándose en los rincones equivocados, ni miradas que se prolongaran más de lo prudente, ni silencios que pidieran sangre. Todo fluía con una naturalidad incómoda, como si cada pieza supiera exactamente hasta dónde podía llegar sin necesidad de recordatorios constantes. Eso no era normal. No en un espacio compartido por humanos y criaturas que llevaban siglos sin confiar unas en otras.
Jason quería pensar que no era la presencia de Soo-min lo que explicaba aquello. O al menos, no del todo. Jason había conocido líderes más temibles, más antiguos, incluso más crueles. Ninguno había logrado algo así sin que, tarde o temprano, el sistema se resintiera.
Al final, volvió. Hasta arriba de sangre, para no tener que beber nada, al menos en un principio.
La súcubo y el lugar habían captado su atención.
Permaneció sin destacar, apoyado en la barra. Observando. Buscando algo, aunque sin saber qué buscaba.
Jason no se planteó volver al Nocturne en un principio. De hecho, pasó más tiempo del habitual evitando hacerlo.
Se había sentido cómodo con Soo-min, era de las pocas personas que como mínimo podía mirarlo de igual a igual y eso llamaba poderosamente su atención. Que no retrocediera ante los colmillos era... Refrescante.
Pero el Nocturne le molestaba. No en el mal sentido, claro. El problema era que por lo que había visto, funcionaba. Y funcionaba demasiado bien, cuando debería ser un caos bestial, dueña súcubo o no.
Jason había aprendido a convivir con el desorden. De hecho, lo prefería. Las ciudades, los clanes... El caos era una constante útil: advertía, filtraba, servía para corregir lo que no funcionaba.
El Nocturne no parecía fallar.
No parecía haber tensiones acumulándose en los rincones equivocados, ni miradas que se prolongaran más de lo prudente, ni silencios que pidieran sangre. Todo fluía con una naturalidad incómoda, como si cada pieza supiera exactamente hasta dónde podía llegar sin necesidad de recordatorios constantes. Eso no era normal. No en un espacio compartido por humanos y criaturas que llevaban siglos sin confiar unas en otras.
Jason quería pensar que no era la presencia de Soo-min lo que explicaba aquello. O al menos, no del todo. Jason había conocido líderes más temibles, más antiguos, incluso más crueles. Ninguno había logrado algo así sin que, tarde o temprano, el sistema se resintiera.
Al final, volvió. Hasta arriba de sangre, para no tener que beber nada, al menos en un principio.
La súcubo y el lugar habían captado su atención.
Permaneció sin destacar, apoyado en la barra. Observando. Buscando algo, aunque sin saber qué buscaba.
[The_Perverse_Muse]
Jason no se planteó volver al Nocturne en un principio. De hecho, pasó más tiempo del habitual evitando hacerlo.
Se había sentido cómodo con Soo-min, era de las pocas personas que como mínimo podía mirarlo de igual a igual y eso llamaba poderosamente su atención. Que no retrocediera ante los colmillos era... Refrescante.
Pero el Nocturne le molestaba. No en el mal sentido, claro. El problema era que por lo que había visto, funcionaba. Y funcionaba demasiado bien, cuando debería ser un caos bestial, dueña súcubo o no.
Jason había aprendido a convivir con el desorden. De hecho, lo prefería. Las ciudades, los clanes... El caos era una constante útil: advertía, filtraba, servía para corregir lo que no funcionaba.
El Nocturne no parecía fallar.
No parecía haber tensiones acumulándose en los rincones equivocados, ni miradas que se prolongaran más de lo prudente, ni silencios que pidieran sangre. Todo fluía con una naturalidad incómoda, como si cada pieza supiera exactamente hasta dónde podía llegar sin necesidad de recordatorios constantes. Eso no era normal. No en un espacio compartido por humanos y criaturas que llevaban siglos sin confiar unas en otras.
Jason quería pensar que no era la presencia de Soo-min lo que explicaba aquello. O al menos, no del todo. Jason había conocido líderes más temibles, más antiguos, incluso más crueles. Ninguno había logrado algo así sin que, tarde o temprano, el sistema se resintiera.
Al final, volvió. Hasta arriba de sangre, para no tener que beber nada, al menos en un principio.
La súcubo y el lugar habían captado su atención.
Permaneció sin destacar, apoyado en la barra. Observando. Buscando algo, aunque sin saber qué buscaba.