Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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˖ ݁𖥔. ݁ . 𝑬𝒍 𝑫𝒊𝒂𝒓𝒊𝒐 𝒅𝒆 𝑺𝒄𝒂𝒓𝒍𝒆𝒕𝒕 . ݁.𖥔 ݁ ˖

𝑪𝒂𝒑í𝒕𝒖𝒍𝒐 𝑰: 𝑫𝒊𝒂𝒎𝒂𝒏𝒕𝒆𝒔 𝒆𝒔𝒄𝒂𝒓𝒍𝒂𝒕𝒂𝒔.

Querido diario,

Hoy, finalmente, es mi turno…

En la familia Moretti, nadie puede escribir un diario antes de cumplir quince años.

Dicen que las palabras tienen poder, y que solo cuando la mente y el alma se alinean, la tinta reconoce a su dueño.


Es una costumbre tan antigua como nuestro apellido… y tan inquebrantable como las promesas que se murmuran bajo los candelabros del salón principal.
Así que aquí estoy, con mi pluma, mi secreto y un apellido que pesa más que el aire que respiro.
He crecido entre columnas de mármol y pasillos silenciosos, donde incluso los ecos temen alzar la voz.

Los Moretti somos reconocidos por nuestra marca: el cabello cobrizo que arde con la luz del sol y los ojos verdes o grises que heredan el reflejo del mármol y la tormenta.

Mis padres, Alessandro Moretti e Isabella di Ravello, son la imagen misma del poder y la belleza eterna.
Mi padre, Alessandro, es un hombre de mirada firme y palabras escasas; cuando habla, el mundo parece detenerse para escucharlo.


Mi madre, Isabella, es una sinfonía de perfección y melancolía: cada uno de sus gestos parece calculado, pero detrás de esa serenidad habita una tristeza que ni el tiempo ha logrado borrar.

Y luego estamos nosotros…

sus hijos.

Los cuatro diamantes de la Casa Moretti.

Luca, el primogénito, es la imagen de mi padre: fuerte, silencioso, hecho de deber y sombras.
Su destino está trazado desde antes de nacer: liderar, mantener el apellido, sostener el linaje.

Adriano, el segundo, es fuego disfrazado de calma; tiene la sonrisa de un poeta y los ojos de alguien que sabe más de lo que debería.

Giulia, la tercera, es la más parecida a mi madre: elegante, calculadora y dueña de una inteligencia tan afilada como una daga de cristal.

Y luego estoy yo… Scarlett, la más joven.
La que sonríe demasiado, ríe cuando no debe y dice lo que otros solo se atreven a pensar.
Dicen que tengo la belleza de mi madre y la rebeldía de nadie sabe quién.

Que mis ojos esconden la inquietud de las tormentas y que mi espíritu no conoce frenos ni cadenas.
Tal vez tengan razón.
Aunque mi cabello lleva ese fuego —rojizo, intenso, casi vivo—, mis ojos no heredaron el verde ancestral ni el gris de la familia.
Los míos son de un azul imposible, profundo e inquietante.
Desde niña me lo han hecho notar.
Ese azul no pertenece al linaje, dicen.
Y aunque nadie lo mencione en voz alta, todos lo piensan: algo en mí no encaja del todo con los Moretti.
Yo no nací para seguir el ritmo lento y medido de los Moretti.

Nací para romperlo.

Ser parte de esta familia es caminar sobre cristales y fingir que no cortan.
Desde fuera, todos nos admiran: somos la nobleza pura, el linaje más antiguo, los herederos de una sangre que —según dicen— no pertenece del todo al tiempo humano.

Pero dentro de nuestras murallas hay silencios que gritan, retratos que cambian con la luz de la luna y pasillos donde el aire se vuelve tan pesado que incluso las velas dudan en encenderse.

Nadie habla de los secretos Moretti.

Ni de las desapariciones.

Ni de las noches en que el reloj del vestíbulo se detiene solo, justo a las tres y trece.
Yo era una niña cuando escuché por primera vez los susurros sobre lo que somos realmente.
Casi inmortales, decían.

Pero… ¿a qué precio?

Hoy comienzo este diario no para seguir la tradición, sino para romper el silencio.
Quiero entender por qué, cuando me miro en los espejos antiguos del palacio, siento que algo me observa desde el otro lado.
Algo que tiene mis ojos…

pero no mi alma.

— 𝑆𝑐𝑎𝑟𝑙𝑒𝑡𝑡 𝑀𝑜𝑟𝑒𝑡𝑡𝑖
˖ ݁𖥔. ݁ . 𝑬𝒍 𝑫𝒊𝒂𝒓𝒊𝒐 𝒅𝒆 𝑺𝒄𝒂𝒓𝒍𝒆𝒕𝒕 . ݁.𖥔 ݁ ˖ 𝑪𝒂𝒑í𝒕𝒖𝒍𝒐 𝑰: 𝑫𝒊𝒂𝒎𝒂𝒏𝒕𝒆𝒔 𝒆𝒔𝒄𝒂𝒓𝒍𝒂𝒕𝒂𝒔. Querido diario, Hoy, finalmente, es mi turno… En la familia Moretti, nadie puede escribir un diario antes de cumplir quince años. 
Dicen que las palabras tienen poder, y que solo cuando la mente y el alma se alinean, la tinta reconoce a su dueño.
 Es una costumbre tan antigua como nuestro apellido… y tan inquebrantable como las promesas que se murmuran bajo los candelabros del salón principal. Así que aquí estoy, con mi pluma, mi secreto y un apellido que pesa más que el aire que respiro.
He crecido entre columnas de mármol y pasillos silenciosos, donde incluso los ecos temen alzar la voz. Los Moretti somos reconocidos por nuestra marca: el cabello cobrizo que arde con la luz del sol y los ojos verdes o grises que heredan el reflejo del mármol y la tormenta. Mis padres, Alessandro Moretti e Isabella di Ravello, son la imagen misma del poder y la belleza eterna.
Mi padre, Alessandro, es un hombre de mirada firme y palabras escasas; cuando habla, el mundo parece detenerse para escucharlo. 
Mi madre, Isabella, es una sinfonía de perfección y melancolía: cada uno de sus gestos parece calculado, pero detrás de esa serenidad habita una tristeza que ni el tiempo ha logrado borrar. Y luego estamos nosotros… sus hijos. 
Los cuatro diamantes de la Casa Moretti. Luca, el primogénito, es la imagen de mi padre: fuerte, silencioso, hecho de deber y sombras. Su destino está trazado desde antes de nacer: liderar, mantener el apellido, sostener el linaje. 
Adriano, el segundo, es fuego disfrazado de calma; tiene la sonrisa de un poeta y los ojos de alguien que sabe más de lo que debería. 
Giulia, la tercera, es la más parecida a mi madre: elegante, calculadora y dueña de una inteligencia tan afilada como una daga de cristal. 
Y luego estoy yo… Scarlett, la más joven.
La que sonríe demasiado, ríe cuando no debe y dice lo que otros solo se atreven a pensar. Dicen que tengo la belleza de mi madre y la rebeldía de nadie sabe quién. 
Que mis ojos esconden la inquietud de las tormentas y que mi espíritu no conoce frenos ni cadenas.
Tal vez tengan razón. Aunque mi cabello lleva ese fuego —rojizo, intenso, casi vivo—, mis ojos no heredaron el verde ancestral ni el gris de la familia.
Los míos son de un azul imposible, profundo e inquietante. Desde niña me lo han hecho notar.
Ese azul no pertenece al linaje, dicen.
Y aunque nadie lo mencione en voz alta, todos lo piensan: algo en mí no encaja del todo con los Moretti. Yo no nací para seguir el ritmo lento y medido de los Moretti. 
Nací para romperlo. Ser parte de esta familia es caminar sobre cristales y fingir que no cortan.
Desde fuera, todos nos admiran: somos la nobleza pura, el linaje más antiguo, los herederos de una sangre que —según dicen— no pertenece del todo al tiempo humano. 
Pero dentro de nuestras murallas hay silencios que gritan, retratos que cambian con la luz de la luna y pasillos donde el aire se vuelve tan pesado que incluso las velas dudan en encenderse. Nadie habla de los secretos Moretti. 
Ni de las desapariciones. 
Ni de las noches en que el reloj del vestíbulo se detiene solo, justo a las tres y trece. Yo era una niña cuando escuché por primera vez los susurros sobre lo que somos realmente.
Casi inmortales, decían. 
Pero… ¿a qué precio? Hoy comienzo este diario no para seguir la tradición, sino para romper el silencio.
Quiero entender por qué, cuando me miro en los espejos antiguos del palacio, siento que algo me observa desde el otro lado.
Algo que tiene mis ojos… pero no mi alma. — 𝑆𝑐𝑎𝑟𝑙𝑒𝑡𝑡 𝑀𝑜𝑟𝑒𝑡𝑡𝑖
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