Eve había pasado toda la tarde organizando la sorpresa. Entre risas nerviosas y pequeñas travesuras, se aseguró de que todo quedara perfecto: la caja mediana decorada con un moño azul, justo en medio de la sala, y dentro de ella, el pequeño cachorro de mirada inquieta que no dejaba de mover la cola. Suaves ladridos escapaban a ratitos, delatando la sorpresa antes de tiempo.

Cuando escuchó el sonido de la puerta abrirse, Eve se apresuró a ponerse de pie, con esa sonrisa traviesa pintada en los labios y las manos entrelazadas detrás de la espalda. Lo miró con ojos brillantes, conteniendo la risa, como si estuviera a punto de revelar un secreto demasiado grande para ocultarlo.

── Bienvenido a casa, soldado… —dijo con un tono juguetón, dando un paso hacia él.

El cachorro, como si entendiera perfectamente el guion de la escena, soltó un ladrido más fuerte desde dentro de la caja y empezó a moverse, causando que el moño azul se ladease un poco. Eve se mordió el labio, incapaz de contenerse, y finalmente señaló con la barbilla hacia la caja.

── Creo que alguien quiere conocerte…

En su pecho, el corazón de Eve latía con fuerza. No era solo un cachorro, era un símbolo, su primer "hijo" juntos. Una familia empezando de la forma más dulce posible.

── Se llama Sargento. Nuestro primer peque.

Sus palabras salieron suaves, casi en un susurro cargado de emoción.
Eve había pasado toda la tarde organizando la sorpresa. Entre risas nerviosas y pequeñas travesuras, se aseguró de que todo quedara perfecto: la caja mediana decorada con un moño azul, justo en medio de la sala, y dentro de ella, el pequeño cachorro de mirada inquieta que no dejaba de mover la cola. Suaves ladridos escapaban a ratitos, delatando la sorpresa antes de tiempo. Cuando escuchó el sonido de la puerta abrirse, Eve se apresuró a ponerse de pie, con esa sonrisa traviesa pintada en los labios y las manos entrelazadas detrás de la espalda. Lo miró con ojos brillantes, conteniendo la risa, como si estuviera a punto de revelar un secreto demasiado grande para ocultarlo. ── Bienvenido a casa, soldado… —dijo con un tono juguetón, dando un paso hacia él. El cachorro, como si entendiera perfectamente el guion de la escena, soltó un ladrido más fuerte desde dentro de la caja y empezó a moverse, causando que el moño azul se ladease un poco. Eve se mordió el labio, incapaz de contenerse, y finalmente señaló con la barbilla hacia la caja. ── Creo que alguien quiere conocerte… En su pecho, el corazón de Eve latía con fuerza. No era solo un cachorro, era un símbolo, su primer "hijo" juntos. Una familia empezando de la forma más dulce posible. ── Se llama Sargento. Nuestro primer peque. Sus palabras salieron suaves, casi en un susurro cargado de emoción.
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