— El señor de blanco tenía mucha razón, que asco.— Se pega en la frente con sus patitas hasta ahí le llegó el ruido de esas tripas.
— El señor de blanco tenía mucha razón, que asco.— Se pega en la frente con sus patitas hasta ahí le llegó el ruido de esas tripas.
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Me encocora
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