La música flotaba en el aire como perfume, ligera y envolvente.
El jardín estaba lleno de risas, copas tintineando y flores que parecían bailar con la brisa. Lilith caminaba entre los invitados con una gracia inesperadamente suave. Su vestido, de tonos crema y lavanda, abrazaba su figura con delicadeza, y el sombrero de ala ancha que llevaba le daba un aire casi... inocente.
Era raro verla así. Sin sombras, sin secretos. Solo ella, disfrutando de la primavera con la misma plenitud de una rosa que florece suavemente.
Se detuvo junto a una pared de rosas de aquel jardin laberinto al que llego, dejando que el viento jugara con los mechones sueltos de su cabello ondulado. Cerró los ojos un instante, respirando hondo, como si quisiera guardar ese momento en su memoria.
Al abrirlos, sus ojos se encontraron con los tuyos.
Una sonrisa se dibujó en sus labios, cálida, curiosa.
Ladeó la cabeza con suavidad, y con voz dulce , gentil que recordaba que ella era una dama mas en aquella fiesta.
—¿Por qué me miras así? ¿Es tan raro verme vestida como una dama de primavera?
Su tono no era burlón, pero sí juguetón. Como si te retara a responder. Como si te invitara a acercarte.
El jardín estaba lleno de risas, copas tintineando y flores que parecían bailar con la brisa. Lilith caminaba entre los invitados con una gracia inesperadamente suave. Su vestido, de tonos crema y lavanda, abrazaba su figura con delicadeza, y el sombrero de ala ancha que llevaba le daba un aire casi... inocente.
Era raro verla así. Sin sombras, sin secretos. Solo ella, disfrutando de la primavera con la misma plenitud de una rosa que florece suavemente.
Se detuvo junto a una pared de rosas de aquel jardin laberinto al que llego, dejando que el viento jugara con los mechones sueltos de su cabello ondulado. Cerró los ojos un instante, respirando hondo, como si quisiera guardar ese momento en su memoria.
Al abrirlos, sus ojos se encontraron con los tuyos.
Una sonrisa se dibujó en sus labios, cálida, curiosa.
Ladeó la cabeza con suavidad, y con voz dulce , gentil que recordaba que ella era una dama mas en aquella fiesta.
—¿Por qué me miras así? ¿Es tan raro verme vestida como una dama de primavera?
Su tono no era burlón, pero sí juguetón. Como si te retara a responder. Como si te invitara a acercarte.
La música flotaba en el aire como perfume, ligera y envolvente.
El jardín estaba lleno de risas, copas tintineando y flores que parecían bailar con la brisa. Lilith caminaba entre los invitados con una gracia inesperadamente suave. Su vestido, de tonos crema y lavanda, abrazaba su figura con delicadeza, y el sombrero de ala ancha que llevaba le daba un aire casi... inocente.
Era raro verla así. Sin sombras, sin secretos. Solo ella, disfrutando de la primavera con la misma plenitud de una rosa que florece suavemente.
Se detuvo junto a una pared de rosas de aquel jardin laberinto al que llego, dejando que el viento jugara con los mechones sueltos de su cabello ondulado. Cerró los ojos un instante, respirando hondo, como si quisiera guardar ese momento en su memoria.
Al abrirlos, sus ojos se encontraron con los tuyos.
Una sonrisa se dibujó en sus labios, cálida, curiosa.
Ladeó la cabeza con suavidad, y con voz dulce , gentil que recordaba que ella era una dama mas en aquella fiesta.
—¿Por qué me miras así? ¿Es tan raro verme vestida como una dama de primavera?
Su tono no era burlón, pero sí juguetón. Como si te retara a responder. Como si te invitara a acercarte.

