En algún momento la sala común se quedó vacía, y los únicos presentes eran ellos dos. Theodore, al contrario de lo que era habitual, no estaba volcado de lleno en la lectura y sus ojos lo traicionaban con una mirada hacia Daphne desde su sillón al lado de la chimenea.
En algún momento la sala común se quedó vacía, y los únicos presentes eran ellos dos. Theodore, al contrario de lo que era habitual, no estaba volcado de lleno en la lectura y sus ojos lo traicionaban con una mirada hacia Daphne desde su sillón al lado de la chimenea.
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