—¿Sabes qué es lo más loco de todo esto, tío Buck? —Dijo Sarah, sentada sobre la vieja cerca de madera con una rebanada de pastel a medio comer en la mano, las botas colgando y el atardecer de Montana pintándole la cara de dorado—. Que el tipo que más gruñía cuando le daban abrazos ahora sonríe como idiota cuando mi papá sopla las velas.

Ella bajó la mirada al pastel y luego lo estiró hacia él como una ofrenda de paz... o una trampa.

—Te dejé la esquina. La parte con más betún. No porque te quiera —aclaró, con una sonrisita torcida—. Sino porque si no comés algo, vas a seguir pareciendo el tío emo del equipo.

Luego se encogió de hombros, con ese aire despreocupado tan de ella, y murmuró más bajito, casi como si no quisiera que él la escuchara del todo:

—Gracias por estar. Siempre. Aunque no lo digas... yo sé.

Y antes de que el momento se volviera demasiado sentimental, le lanzó la servilleta enrollada como proyectil.

—¡Ahora come antes de que Morgan lo suba a TikTok!

—¿Sabes qué es lo más loco de todo esto, tío Buck? —Dijo Sarah, sentada sobre la vieja cerca de madera con una rebanada de pastel a medio comer en la mano, las botas colgando y el atardecer de Montana pintándole la cara de dorado—. Que el tipo que más gruñía cuando le daban abrazos ahora sonríe como idiota cuando mi papá sopla las velas. Ella bajó la mirada al pastel y luego lo estiró hacia él como una ofrenda de paz... o una trampa. —Te dejé la esquina. La parte con más betún. No porque te quiera —aclaró, con una sonrisita torcida—. Sino porque si no comés algo, vas a seguir pareciendo el tío emo del equipo. Luego se encogió de hombros, con ese aire despreocupado tan de ella, y murmuró más bajito, casi como si no quisiera que él la escuchara del todo: —Gracias por estar. Siempre. Aunque no lo digas... yo sé. Y antes de que el momento se volviera demasiado sentimental, le lanzó la servilleta enrollada como proyectil. —¡Ahora come antes de que Morgan lo suba a TikTok!
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