— Se acerca hasta la sargento, por su espalda y se sienta en uno de los bancos, a su lado. Se siente algo nervioso (e idiota) por lo que se plantea hacer. Pero no se echa para atrás. Del bolsillo de su chaleco saca una pulsera trenzada del cuero que ha arrancado de los sillones del trastero. La sostiene todo lo delicadamente que puede, con dos dedos, y se la muestra a la morena—

Lo he hecho para ti... Sé que es una estupidez, pero... No sé...

— se encoge de hombros suavemente sintiéndose enormemente ridículo—
— Se acerca hasta la sargento, por su espalda y se sienta en uno de los bancos, a su lado. Se siente algo nervioso (e idiota) por lo que se plantea hacer. Pero no se echa para atrás. Del bolsillo de su chaleco saca una pulsera trenzada del cuero que ha arrancado de los sillones del trastero. La sostiene todo lo delicadamente que puede, con dos dedos, y se la muestra a la morena— Lo he hecho para ti... Sé que es una estupidez, pero... No sé... — se encoge de hombros suavemente sintiéndose enormemente ridículo—
0 turnos 0 maullidos
Patrocinados
Patrocinados