Hᴏʀᴀs ᴀɴᴛᴇs ᴅᴇ ᴍᴏʀɪʀ
Eran las doce de la noche. El pueblo que antes solía ser humilde y tranquilo se encontraba en pleno ataque, al ser un pequeño pueblito no tenían personas que les defendiesen.
Al parecer un ejercicio había decidido atacar para obtener más tierras, una razón patética para sumerguir su hogar en un mar de sangre y gritos.
Con espada en mano luchaba contra todo hombre que lastimara a los suyos, su hermano menor tampoco se quedaba atrás, la ayudaba a matar. Como expertos en las espadas eran la única salvación de su pueblo.
«—¡Hermana! —» chillaba el menor al observar como dos flechas perforaban la piel de la chica. Pero sin inmutarse siquiera, nuevamente se puso de pie, observando con odio y frialdad a sus enemigos.
Eran las doce de la noche. El pueblo que antes solía ser humilde y tranquilo se encontraba en pleno ataque, al ser un pequeño pueblito no tenían personas que les defendiesen.
Al parecer un ejercicio había decidido atacar para obtener más tierras, una razón patética para sumerguir su hogar en un mar de sangre y gritos.
Con espada en mano luchaba contra todo hombre que lastimara a los suyos, su hermano menor tampoco se quedaba atrás, la ayudaba a matar. Como expertos en las espadas eran la única salvación de su pueblo.
«—¡Hermana! —» chillaba el menor al observar como dos flechas perforaban la piel de la chica. Pero sin inmutarse siquiera, nuevamente se puso de pie, observando con odio y frialdad a sus enemigos.
Hᴏʀᴀs ᴀɴᴛᴇs ᴅᴇ ᴍᴏʀɪʀ
Eran las doce de la noche. El pueblo que antes solía ser humilde y tranquilo se encontraba en pleno ataque, al ser un pequeño pueblito no tenían personas que les defendiesen.
Al parecer un ejercicio había decidido atacar para obtener más tierras, una razón patética para sumerguir su hogar en un mar de sangre y gritos.
Con espada en mano luchaba contra todo hombre que lastimara a los suyos, su hermano menor tampoco se quedaba atrás, la ayudaba a matar. Como expertos en las espadas eran la única salvación de su pueblo.
«—¡Hermana! —» chillaba el menor al observar como dos flechas perforaban la piel de la chica. Pero sin inmutarse siquiera, nuevamente se puso de pie, observando con odio y frialdad a sus enemigos.