Hasta Skadi se cansa de ser Skadi.
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Por mucho tiempo, había vivido atrapada en su propia nube opaca, una capa de indiferencia y frialdad que parecía ser su única identidad. Había tomado muchas formas, muchas máscaras, muchas versiones de sí misma, pero al final, siempre regresaba a la misma figura distante, helada y quebrada. Pero esta vez, algo dentro de ella había cambiado.
Era un acuerdo sellado en el rincón más profundo de su ser, con una condición peculiar: dejar que su otro lado, el lado AEgir, dejara de tomar el control por una noche. El AEgir la dejaría ser ella misma, la Skadi que ni siquiera ella conocía del todo. Y esa Skadi, la que se había mantenido oculta durante tanto tiempo, saldría a la luz.
"Hoy lo haré por ti, Diluc"
Lo había prometido, en silencio. Porque ella pensaba que Diluc no se merecía alguien tan perturbador ella. A pesar que siempre pensó que su carácter duro y apático la alejaba de cualquier tipo de bondad o cariño, él nunca se había rendido con ella. Nunca había dejado de ofrecerle lo mejor de sí mismo, sin esperar nada a cambio, sin intentar moldearla a su imagen. Y ahora, Skadi se obligaba a aceptar lo que era capaz de dar, aunque no supiera exactamente qué sería.
Durante los preparativos, la ropa que se le colocaba parecía pesarle menos. La corona de hielo que siempre había sido un símbolo de su distancia y de su lucha interna, se convirtió en algo más, algo que adornaba con el brillo de una nueva esperanza. La Skadi que venía con la fría niebla de AEgir no era la misma y en el fondo sabía que esta versión de sí misma nunca duraría. Solo por esta vez, se permitiría ser más que la imagen rota de lo que había sido. Y mientras la ceremonia comenzaba, la habitación se iluminaba con la vibrante presencia de la nueva Skadi. Dejó que sus ojos brillaran con una luz suave, una que nunca antes había permitido ver. Era un cambio sutil, pero significativo.
“Eres Skadi”, murmuró para sí misma,"Eres la novia de Diluc, el héroe de Mondstadt "
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Por mucho tiempo, había vivido atrapada en su propia nube opaca, una capa de indiferencia y frialdad que parecía ser su única identidad. Había tomado muchas formas, muchas máscaras, muchas versiones de sí misma, pero al final, siempre regresaba a la misma figura distante, helada y quebrada. Pero esta vez, algo dentro de ella había cambiado.
Era un acuerdo sellado en el rincón más profundo de su ser, con una condición peculiar: dejar que su otro lado, el lado AEgir, dejara de tomar el control por una noche. El AEgir la dejaría ser ella misma, la Skadi que ni siquiera ella conocía del todo. Y esa Skadi, la que se había mantenido oculta durante tanto tiempo, saldría a la luz.
"Hoy lo haré por ti, Diluc"
Lo había prometido, en silencio. Porque ella pensaba que Diluc no se merecía alguien tan perturbador ella. A pesar que siempre pensó que su carácter duro y apático la alejaba de cualquier tipo de bondad o cariño, él nunca se había rendido con ella. Nunca había dejado de ofrecerle lo mejor de sí mismo, sin esperar nada a cambio, sin intentar moldearla a su imagen. Y ahora, Skadi se obligaba a aceptar lo que era capaz de dar, aunque no supiera exactamente qué sería.
Durante los preparativos, la ropa que se le colocaba parecía pesarle menos. La corona de hielo que siempre había sido un símbolo de su distancia y de su lucha interna, se convirtió en algo más, algo que adornaba con el brillo de una nueva esperanza. La Skadi que venía con la fría niebla de AEgir no era la misma y en el fondo sabía que esta versión de sí misma nunca duraría. Solo por esta vez, se permitiría ser más que la imagen rota de lo que había sido. Y mientras la ceremonia comenzaba, la habitación se iluminaba con la vibrante presencia de la nueva Skadi. Dejó que sus ojos brillaran con una luz suave, una que nunca antes había permitido ver. Era un cambio sutil, pero significativo.
“Eres Skadi”, murmuró para sí misma,"Eres la novia de Diluc, el héroe de Mondstadt "
Hasta Skadi se cansa de ser Skadi.
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Por mucho tiempo, había vivido atrapada en su propia nube opaca, una capa de indiferencia y frialdad que parecía ser su única identidad. Había tomado muchas formas, muchas máscaras, muchas versiones de sí misma, pero al final, siempre regresaba a la misma figura distante, helada y quebrada. Pero esta vez, algo dentro de ella había cambiado.
Era un acuerdo sellado en el rincón más profundo de su ser, con una condición peculiar: dejar que su otro lado, el lado AEgir, dejara de tomar el control por una noche. El AEgir la dejaría ser ella misma, la Skadi que ni siquiera ella conocía del todo. Y esa Skadi, la que se había mantenido oculta durante tanto tiempo, saldría a la luz.
"Hoy lo haré por ti, Diluc"
Lo había prometido, en silencio. Porque ella pensaba que Diluc no se merecía alguien tan perturbador ella. A pesar que siempre pensó que su carácter duro y apático la alejaba de cualquier tipo de bondad o cariño, él nunca se había rendido con ella. Nunca había dejado de ofrecerle lo mejor de sí mismo, sin esperar nada a cambio, sin intentar moldearla a su imagen. Y ahora, Skadi se obligaba a aceptar lo que era capaz de dar, aunque no supiera exactamente qué sería.
Durante los preparativos, la ropa que se le colocaba parecía pesarle menos. La corona de hielo que siempre había sido un símbolo de su distancia y de su lucha interna, se convirtió en algo más, algo que adornaba con el brillo de una nueva esperanza. La Skadi que venía con la fría niebla de AEgir no era la misma y en el fondo sabía que esta versión de sí misma nunca duraría. Solo por esta vez, se permitiría ser más que la imagen rota de lo que había sido. Y mientras la ceremonia comenzaba, la habitación se iluminaba con la vibrante presencia de la nueva Skadi. Dejó que sus ojos brillaran con una luz suave, una que nunca antes había permitido ver. Era un cambio sutil, pero significativo.
“Eres Skadi”, murmuró para sí misma,"Eres la novia de Diluc, el héroe de Mondstadt "

