Ubicación: Salón de eventos exclusivo en el centro de la ciudad.
Hora: 9:30 p.m.

Aiko se detuvo en la entrada del lujoso salón, su corazón latiendo con una mezcla de emoción y nerviosismo. Hacía mucho que no asistía a un evento como este, pero esta noche había decidido hacer una excepción. El vestido azul celeste que llevaba se ajustaba perfectamente a su figura, con una abertura lateral que dejaba entrever su piel cada vez que daba un paso. Sus tacones resonaban suavemente contra el mármol mientras avanzaba con elegancia, sosteniendo una copa de champagne que le habían ofrecido nada más llegar.

La música flotaba en el aire, suave pero animada, mientras las luces doradas iluminaban el salón con un brillo acogedor. Observó a su alrededor, analizando los rostros familiares y desconocidos, preguntándose si alguien se atrevería a acercarse a ella primero. Su mirada destelló con ese toque desafiante y seductor de siempre.

Se apoyó contra la baranda de la terraza interior, observando la fiesta desde una ligera distancia. No estaba acostumbrada a este tipo de ambiente, al menos no últimamente, pero había algo refrescante en volver a sentirse parte de ese mundo.

—Vaya, Aiko, pensé que no te gustaban estas reuniones —dijo una voz masculina a su lado.

Ella giró lentamente el rostro, una media sonrisa jugando en sus labios.

—No me gustan —respondió con suavidad, llevando la copa a sus labios—. Pero eso no significa que no sepa disfrutar de ellas cuando quiero.

La noche aún era joven, y Aiko estaba lista para ver qué más tenía el destino preparado para ella.



Ubicación: Salón de eventos exclusivo en el centro de la ciudad. Hora: 9:30 p.m. Aiko se detuvo en la entrada del lujoso salón, su corazón latiendo con una mezcla de emoción y nerviosismo. Hacía mucho que no asistía a un evento como este, pero esta noche había decidido hacer una excepción. El vestido azul celeste que llevaba se ajustaba perfectamente a su figura, con una abertura lateral que dejaba entrever su piel cada vez que daba un paso. Sus tacones resonaban suavemente contra el mármol mientras avanzaba con elegancia, sosteniendo una copa de champagne que le habían ofrecido nada más llegar. La música flotaba en el aire, suave pero animada, mientras las luces doradas iluminaban el salón con un brillo acogedor. Observó a su alrededor, analizando los rostros familiares y desconocidos, preguntándose si alguien se atrevería a acercarse a ella primero. Su mirada destelló con ese toque desafiante y seductor de siempre. Se apoyó contra la baranda de la terraza interior, observando la fiesta desde una ligera distancia. No estaba acostumbrada a este tipo de ambiente, al menos no últimamente, pero había algo refrescante en volver a sentirse parte de ese mundo. —Vaya, Aiko, pensé que no te gustaban estas reuniones —dijo una voz masculina a su lado. Ella giró lentamente el rostro, una media sonrisa jugando en sus labios. —No me gustan —respondió con suavidad, llevando la copa a sus labios—. Pero eso no significa que no sepa disfrutar de ellas cuando quiero. La noche aún era joven, y Aiko estaba lista para ver qué más tenía el destino preparado para ella.
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