La bruma del olvido se disipa lentamente, como si la misma realidad vacilara antes de reclamarlo de nuevo. El frío es lo primero que siente, mil agujas heladas que se hunden en su piel empapada.

La llovizna cae en hilos finos, deslizándose por su rostro como si fueran lágrimas ajenas.

Ivory abre los ojos, pero el mundo sigue siendo un lienzo borroso de grises y verdes. El aroma húmedo de la tierra y la hierba mojada llena sus pulmones con cada tembloroso aliento. Su cuerpo, agarrotado y entumecido, se niega a responder.

No sabe cuánto tiempo ha estado ahí, perdido en algún rincón del mundo, lejos de sí mismo.

Tiembla, pero no se mueve. No quiere hacerlo. Tal vez, si permanece en el abrazo del frío, el dolor que le punza el pecho se disolverá en la lluvia, como tinta derramada sobre papel mojado. Tal vez, si se deja consumir por el temblor, el eco del vacío deje de retumbar en su interior.

El cielo, pálido, triste y lejano, lo observa en silencio.El mundo sigue adelante, indiferente a su presencia, a su extravío, a su pérdida. Solo la lluvia le acompaña, como si entendiera su melancolía y decidiera llorar con él.
La bruma del olvido se disipa lentamente, como si la misma realidad vacilara antes de reclamarlo de nuevo. El frío es lo primero que siente, mil agujas heladas que se hunden en su piel empapada. La llovizna cae en hilos finos, deslizándose por su rostro como si fueran lágrimas ajenas. Ivory abre los ojos, pero el mundo sigue siendo un lienzo borroso de grises y verdes. El aroma húmedo de la tierra y la hierba mojada llena sus pulmones con cada tembloroso aliento. Su cuerpo, agarrotado y entumecido, se niega a responder. No sabe cuánto tiempo ha estado ahí, perdido en algún rincón del mundo, lejos de sí mismo. Tiembla, pero no se mueve. No quiere hacerlo. Tal vez, si permanece en el abrazo del frío, el dolor que le punza el pecho se disolverá en la lluvia, como tinta derramada sobre papel mojado. Tal vez, si se deja consumir por el temblor, el eco del vacío deje de retumbar en su interior. El cielo, pálido, triste y lejano, lo observa en silencio.El mundo sigue adelante, indiferente a su presencia, a su extravío, a su pérdida. Solo la lluvia le acompaña, como si entendiera su melancolía y decidiera llorar con él.
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