RECUERDOS DEL PASADO

La albina recuerda con una ternura, nervios y caos uno de sus pequeños berrinches -nombrados así por su Madre Hera-, pero simplemente para ella eran pequeñas travesuras que las hacía con la intención clara a manejar sus habilidades que la hacían distinta a sus demás "hermanos/as", porque haber sido reconocida como la Diosa de la Juventud y Vitalidad con solo nacer, fue un boom. ¿Qué cosas podría haber hecho para que su madre de pequeña la regañara por hacer berrinches? Oh, eso podría explicarse con motivo muy sencillo; recordaba perfectamente como su papá Zeus había estado discutiendo con Hefesto, una cosa llevó a otra y... Papá había tostado las flores favoritas de Madre, claramente papá huyó con las colas entre las patas al igual que Hefesto dejando a una niña albina de 10 años en la escena del crimen. Madre Hera no escatimó en notar que habían sido dañadas por unos rayos, con grito que estremeció por completo su piel blanca, la Reina le ordenó revitalizarlas con don. A presión, con miedo y nervios ¡Lo hizo!

Pero al costo de un desmayo. No era ni dos o tres flores, sino que tres arbustos de flores favoritas. Ella siempre había jugado a otorgar y quitar la vitalidad de las plantas por aburrimiento a un numero muy escaso de una o dos flores, pero aquello había sido mucho para ella.

Claramente, Zeus al estar viéndolo todo, escondido de la mirada de su querida Diosa y Reina, se sintió culpable por haber involucrado a su pequeña consentida en dicho aprieto. Hera enojada y complacida de haber notado que su hija logró recomponer su berrinche se marchó dejando sola a su hija, tirada en el suelo, con gotas de sudor y mejillas rojas por sobreesfuerzo hecho.

Zeus aquel día mostró a la pequeña albina, el mundo mortal, llevando a comer unos deliciosos dangos. Siendo así, como había empezado su gula y curiosidad por el mundo humano, mas específicamente por las delicias culinarias. Y claro, todos estos viajes a la Tierra, un tiempo fueron secretos de padre e hija ante la Madre y esposa brava como Hera.

—Que viejo recuerdo... Si, si, si~

Sonríe con nostalgia la albina, mirando al cielo que la envuelve, refugiando sus ojos del sol bajo el dorso de su fina mano, disfrutando de estar en la tierra.
RECUERDOS DEL PASADO La albina recuerda con una ternura, nervios y caos uno de sus pequeños berrinches -nombrados así por su Madre Hera-, pero simplemente para ella eran pequeñas travesuras que las hacía con la intención clara a manejar sus habilidades que la hacían distinta a sus demás "hermanos/as", porque haber sido reconocida como la Diosa de la Juventud y Vitalidad con solo nacer, fue un boom. ¿Qué cosas podría haber hecho para que su madre de pequeña la regañara por hacer berrinches? Oh, eso podría explicarse con motivo muy sencillo; recordaba perfectamente como su papá Zeus había estado discutiendo con Hefesto, una cosa llevó a otra y... Papá había tostado las flores favoritas de Madre, claramente papá huyó con las colas entre las patas al igual que Hefesto dejando a una niña albina de 10 años en la escena del crimen. Madre Hera no escatimó en notar que habían sido dañadas por unos rayos, con grito que estremeció por completo su piel blanca, la Reina le ordenó revitalizarlas con don. A presión, con miedo y nervios ¡Lo hizo! Pero al costo de un desmayo. No era ni dos o tres flores, sino que tres arbustos de flores favoritas. Ella siempre había jugado a otorgar y quitar la vitalidad de las plantas por aburrimiento a un numero muy escaso de una o dos flores, pero aquello había sido mucho para ella. Claramente, Zeus al estar viéndolo todo, escondido de la mirada de su querida Diosa y Reina, se sintió culpable por haber involucrado a su pequeña consentida en dicho aprieto. Hera enojada y complacida de haber notado que su hija logró recomponer su berrinche se marchó dejando sola a su hija, tirada en el suelo, con gotas de sudor y mejillas rojas por sobreesfuerzo hecho. Zeus aquel día mostró a la pequeña albina, el mundo mortal, llevando a comer unos deliciosos dangos. Siendo así, como había empezado su gula y curiosidad por el mundo humano, mas específicamente por las delicias culinarias. Y claro, todos estos viajes a la Tierra, un tiempo fueron secretos de padre e hija ante la Madre y esposa brava como Hera. —Que viejo recuerdo... Si, si, si~ Sonríe con nostalgia la albina, mirando al cielo que la envuelve, refugiando sus ojos del sol bajo el dorso de su fina mano, disfrutando de estar en la tierra.
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