— Las vistas. Los amaneceres. La suave brisa que consigo trae el pacífico ambiente de esta ciudad. Las personas llevando su vida cotidiana en paz... Hace que cada noche valga la pena... "Caballero Oscuro"—.
Suspiró en lo alto del campanario de la catedral central. Estaba vendado de forma improvisada por él mismo y sus prendas algo rasgadas. Alguno que otro corte o raspón superficial con una que otra mancha de sangre en sus ropas.
No obstante traía consigo una sonrisa al ver la paz del amanecer. La noche trae consigo la amenaza del Abismo, del crimen ajeno a la ciudad y tantas otras cosas... Y la previa al saludo del sol aquella mañana fue una de esas.
Se encargó de todo. Alguna que otra zona fuera de las paredes de la citadel en cenizas y chamuscadas por el fuego. Tal vez alguna carroza destrozada, las garras de las criaturas de la noche carvadas en los muros, garras contra las cual chocó el metal de su espada horas atrás... Y el cadáver de alguno de estos seres inevitablemente sería encontrado por las patrullas, así como dos que tres ladronzuelo a atados de cabeza a algún poste de luz.
La leyenda del Caballero Oscuro se corría a voces por la ciudad. Ese protector que sólo actuaba durante las noches, haciendo lo que las autoridades por alguna razón no lograban. Se decía que era un hombre, otros sólo veían una sombra, pero siempre había un elemento en común en cada historia: Fuego.
Diluc en ese momento le hablaba a aquel caballero... Después de todo, se trataba de sí mismo.
Suspiró en lo alto del campanario de la catedral central. Estaba vendado de forma improvisada por él mismo y sus prendas algo rasgadas. Alguno que otro corte o raspón superficial con una que otra mancha de sangre en sus ropas.
No obstante traía consigo una sonrisa al ver la paz del amanecer. La noche trae consigo la amenaza del Abismo, del crimen ajeno a la ciudad y tantas otras cosas... Y la previa al saludo del sol aquella mañana fue una de esas.
Se encargó de todo. Alguna que otra zona fuera de las paredes de la citadel en cenizas y chamuscadas por el fuego. Tal vez alguna carroza destrozada, las garras de las criaturas de la noche carvadas en los muros, garras contra las cual chocó el metal de su espada horas atrás... Y el cadáver de alguno de estos seres inevitablemente sería encontrado por las patrullas, así como dos que tres ladronzuelo a atados de cabeza a algún poste de luz.
La leyenda del Caballero Oscuro se corría a voces por la ciudad. Ese protector que sólo actuaba durante las noches, haciendo lo que las autoridades por alguna razón no lograban. Se decía que era un hombre, otros sólo veían una sombra, pero siempre había un elemento en común en cada historia: Fuego.
Diluc en ese momento le hablaba a aquel caballero... Después de todo, se trataba de sí mismo.
— Las vistas. Los amaneceres. La suave brisa que consigo trae el pacífico ambiente de esta ciudad. Las personas llevando su vida cotidiana en paz... Hace que cada noche valga la pena... "Caballero Oscuro"—.
Suspiró en lo alto del campanario de la catedral central. Estaba vendado de forma improvisada por él mismo y sus prendas algo rasgadas. Alguno que otro corte o raspón superficial con una que otra mancha de sangre en sus ropas.
No obstante traía consigo una sonrisa al ver la paz del amanecer. La noche trae consigo la amenaza del Abismo, del crimen ajeno a la ciudad y tantas otras cosas... Y la previa al saludo del sol aquella mañana fue una de esas.
Se encargó de todo. Alguna que otra zona fuera de las paredes de la citadel en cenizas y chamuscadas por el fuego. Tal vez alguna carroza destrozada, las garras de las criaturas de la noche carvadas en los muros, garras contra las cual chocó el metal de su espada horas atrás... Y el cadáver de alguno de estos seres inevitablemente sería encontrado por las patrullas, así como dos que tres ladronzuelo a atados de cabeza a algún poste de luz.
La leyenda del Caballero Oscuro se corría a voces por la ciudad. Ese protector que sólo actuaba durante las noches, haciendo lo que las autoridades por alguna razón no lograban. Se decía que era un hombre, otros sólo veían una sombra, pero siempre había un elemento en común en cada historia: Fuego.
Diluc en ese momento le hablaba a aquel caballero... Después de todo, se trataba de sí mismo.

