Ghost caminaba por la pradera con las manos en los bolsillos, pateando una piedra sin mucho interés. A veces pasaba. La pradera era infinita, pero eso no significaba que siempre hubiera algo que hacer. Sus encuentros con los perdidos y los viajeros eran espontáneos, pero en momentos como este, cuando el viento apenas se movía y el sol dorado brillaba sin apuro, todo se sentía… demasiado tranquilo.
Entonces, lo vio.
Sobre una colina de aspecto redondeado y caricaturesco, con pequeñas casas que parecían sacadas de un libro infantil, un hombre estaba de pie. Vestía un traje amarillo, de esos que se usan para manejar materiales peligrosos, con botas gruesas y guantes igual de pesados. El casco cubría completamente su rostro, reflejando la luz de la pradera. La música infantil sonaba a lo lejos, una melodía chillona y repetitiva que hacía contraste con el vacío de la pradera.
Ghost levantó una ceja y, sin prisa, subió la colina.
~ No esperaba encontrar a alguien con tan buen sentido de la moda por aquí.
El hombre giró lentamente la cabeza hacia él, como si lo hubiera estado esperando. No respondió de inmediato, solo inclinó levemente la cabeza.
—Tampoco esperaba encontrarte a ti, pero supongo que era inevitable.
Ghost sonrió de lado.
~ ¿Destino?
—Destino.
Ghost se dejó caer en el pasto, apoyando los codos en las rodillas. El hombre de amarillo permaneció de pie, con la música de fondo dándole un aire más extraño a la escena.
~ Siempre hablan del destino como si fuera un contrato inquebrantable. Como si nacer te encadenara a un propósito que no puedes cambiar.
—Quizás es así. Quizás lo único que hiciste fue retrasarlo.
Ghost soltó una risa nasal.
~ ¿Y qué se supone que debería estar haciendo ahora?
El hombre de amarillo giró lentamente para mirar las casas en la colina.
—Devorando.
El aire pareció enfriarse un poco, pero Ghost no se inmutó.
~ ¿Ah, sí?
—No eres un guía. Nunca lo fuiste. Nunca fuiste un faro ni un amigo de los perdidos.
Ghost apoyó la cabeza en una mano, mirando al hombre con cierto aburrimiento.
~ ¿Y qué se supone que soy?
—La cosa que los devora.
Silencio.
La música infantil seguía sonando en la lejanía.
Ghost suspiró.
~ Tch. Qué fastidio.
El hombre de amarillo se giró completamente hacia él.
—¿Por qué lo rechazas?
Ghost se encogió de hombros.
~ Porque puedo.
—No puedes escapar del destino para siempre.
Ghost sonrió.
~ Pero puedo intentarlo.
El hombre de amarillo se quedó quieto. Luego, inclinó levemente la cabeza.
—Supongo que sí.
Ghost se puso de pie y se estiró.
~ Ahora, ¿quieres seguir hablando de existencialismo o prefieres acompañarme a ver qué más hay en este sitio raro?
El hombre de amarillo no respondió de inmediato, pero cuando Ghost comenzó a caminar, lo siguió sin protestar. La música infantil seguía en el aire, como si los estuviera observando desde algún lugar.
Entonces, lo vio.
Sobre una colina de aspecto redondeado y caricaturesco, con pequeñas casas que parecían sacadas de un libro infantil, un hombre estaba de pie. Vestía un traje amarillo, de esos que se usan para manejar materiales peligrosos, con botas gruesas y guantes igual de pesados. El casco cubría completamente su rostro, reflejando la luz de la pradera. La música infantil sonaba a lo lejos, una melodía chillona y repetitiva que hacía contraste con el vacío de la pradera.
Ghost levantó una ceja y, sin prisa, subió la colina.
~ No esperaba encontrar a alguien con tan buen sentido de la moda por aquí.
El hombre giró lentamente la cabeza hacia él, como si lo hubiera estado esperando. No respondió de inmediato, solo inclinó levemente la cabeza.
—Tampoco esperaba encontrarte a ti, pero supongo que era inevitable.
Ghost sonrió de lado.
~ ¿Destino?
—Destino.
Ghost se dejó caer en el pasto, apoyando los codos en las rodillas. El hombre de amarillo permaneció de pie, con la música de fondo dándole un aire más extraño a la escena.
~ Siempre hablan del destino como si fuera un contrato inquebrantable. Como si nacer te encadenara a un propósito que no puedes cambiar.
—Quizás es así. Quizás lo único que hiciste fue retrasarlo.
Ghost soltó una risa nasal.
~ ¿Y qué se supone que debería estar haciendo ahora?
El hombre de amarillo giró lentamente para mirar las casas en la colina.
—Devorando.
El aire pareció enfriarse un poco, pero Ghost no se inmutó.
~ ¿Ah, sí?
—No eres un guía. Nunca lo fuiste. Nunca fuiste un faro ni un amigo de los perdidos.
Ghost apoyó la cabeza en una mano, mirando al hombre con cierto aburrimiento.
~ ¿Y qué se supone que soy?
—La cosa que los devora.
Silencio.
La música infantil seguía sonando en la lejanía.
Ghost suspiró.
~ Tch. Qué fastidio.
El hombre de amarillo se giró completamente hacia él.
—¿Por qué lo rechazas?
Ghost se encogió de hombros.
~ Porque puedo.
—No puedes escapar del destino para siempre.
Ghost sonrió.
~ Pero puedo intentarlo.
El hombre de amarillo se quedó quieto. Luego, inclinó levemente la cabeza.
—Supongo que sí.
Ghost se puso de pie y se estiró.
~ Ahora, ¿quieres seguir hablando de existencialismo o prefieres acompañarme a ver qué más hay en este sitio raro?
El hombre de amarillo no respondió de inmediato, pero cuando Ghost comenzó a caminar, lo siguió sin protestar. La música infantil seguía en el aire, como si los estuviera observando desde algún lugar.
Ghost caminaba por la pradera con las manos en los bolsillos, pateando una piedra sin mucho interés. A veces pasaba. La pradera era infinita, pero eso no significaba que siempre hubiera algo que hacer. Sus encuentros con los perdidos y los viajeros eran espontáneos, pero en momentos como este, cuando el viento apenas se movía y el sol dorado brillaba sin apuro, todo se sentía… demasiado tranquilo.
Entonces, lo vio.
Sobre una colina de aspecto redondeado y caricaturesco, con pequeñas casas que parecían sacadas de un libro infantil, un hombre estaba de pie. Vestía un traje amarillo, de esos que se usan para manejar materiales peligrosos, con botas gruesas y guantes igual de pesados. El casco cubría completamente su rostro, reflejando la luz de la pradera. La música infantil sonaba a lo lejos, una melodía chillona y repetitiva que hacía contraste con el vacío de la pradera.
Ghost levantó una ceja y, sin prisa, subió la colina.
~ No esperaba encontrar a alguien con tan buen sentido de la moda por aquí.
El hombre giró lentamente la cabeza hacia él, como si lo hubiera estado esperando. No respondió de inmediato, solo inclinó levemente la cabeza.
—Tampoco esperaba encontrarte a ti, pero supongo que era inevitable.
Ghost sonrió de lado.
~ ¿Destino?
—Destino.
Ghost se dejó caer en el pasto, apoyando los codos en las rodillas. El hombre de amarillo permaneció de pie, con la música de fondo dándole un aire más extraño a la escena.
~ Siempre hablan del destino como si fuera un contrato inquebrantable. Como si nacer te encadenara a un propósito que no puedes cambiar.
—Quizás es así. Quizás lo único que hiciste fue retrasarlo.
Ghost soltó una risa nasal.
~ ¿Y qué se supone que debería estar haciendo ahora?
El hombre de amarillo giró lentamente para mirar las casas en la colina.
—Devorando.
El aire pareció enfriarse un poco, pero Ghost no se inmutó.
~ ¿Ah, sí?
—No eres un guía. Nunca lo fuiste. Nunca fuiste un faro ni un amigo de los perdidos.
Ghost apoyó la cabeza en una mano, mirando al hombre con cierto aburrimiento.
~ ¿Y qué se supone que soy?
—La cosa que los devora.
Silencio.
La música infantil seguía sonando en la lejanía.
Ghost suspiró.
~ Tch. Qué fastidio.
El hombre de amarillo se giró completamente hacia él.
—¿Por qué lo rechazas?
Ghost se encogió de hombros.
~ Porque puedo.
—No puedes escapar del destino para siempre.
Ghost sonrió.
~ Pero puedo intentarlo.
El hombre de amarillo se quedó quieto. Luego, inclinó levemente la cabeza.
—Supongo que sí.
Ghost se puso de pie y se estiró.
~ Ahora, ¿quieres seguir hablando de existencialismo o prefieres acompañarme a ver qué más hay en este sitio raro?
El hombre de amarillo no respondió de inmediato, pero cuando Ghost comenzó a caminar, lo siguió sin protestar. La música infantil seguía en el aire, como si los estuviera observando desde algún lugar.
