Gracias al papel de una chica violinista a quién tenía que interpretar, durante algunas semanas Aphro tuvo que meterse a unas exhaustivas clases de violín para aprender a tocarlo y encarnar a su personaje. Estaba fuera del horario de clases, pues acudía a las lecciones de violín a primera hora del día. Pero ahí, bajo la vigilancia del cielo poblado de estrellas y el aire gélido de la noche besando su piel, se dispuso a practicar. Era la pieza central de dicho personaje; una melodía tan emotiva y desgarradora, como la velocidad con la que el arco se deslizaba sobre las cuerdas.
Gracias al papel de una chica violinista a quién tenía que interpretar, durante algunas semanas Aphro tuvo que meterse a unas exhaustivas clases de violín para aprender a tocarlo y encarnar a su personaje. Estaba fuera del horario de clases, pues acudía a las lecciones de violín a primera hora del día. Pero ahí, bajo la vigilancia del cielo poblado de estrellas y el aire gélido de la noche besando su piel, se dispuso a practicar. Era la pieza central de dicho personaje; una melodía tan emotiva y desgarradora, como la velocidad con la que el arco se deslizaba sobre las cuerdas.