La neblina se arremolinaba en la pradera cuando Ghost sintió la presencia. No se inmutó cuando la sombra se movió con rapidez inhumana, cerrando la distancia en un parpadeo. Colmillos afilados relampaguearon en la penumbra antes de hundirse en su cuello.
Nada.
El vampiro retrocedió de inmediato, su expresión de furia transformándose en desconcierto. No había sangre, no había sabor. Era como morder un espejismo.
Ghost suspiró, sacudiendo un poco su cuello como si se quitara el polvo.
~ ¿Terminaste?
El vampiro lo miró con el ceño fruncido, su postura aún tensa.
—¿Qué eres?
Ghost le sonrió, encogiéndose de hombros.
~ Alguien que no te servirá de cena. Pero, si quieres, puedo ser tu guía.
El vampiro lo observó por un largo instante, aún con la respiración agitada por la frustración. Pero sus ojos, ocres y hambrientos, escondían algo más profundo: agotamiento.
—No necesito ayuda.
~ ¿Ah, no? —Ghost levantó una ceja—. Déjame adivinar… ¿tienes siglos vagando sin rumbo, incapaz de encontrar un propósito?
El vampiro gruñó, pero no negó nada.
~ Mira, sé que no pediste un guía, pero ya estás aquí. Y aquí no hay víctimas, no hay presas, solo caminos. Y yo puedo enseñarte la salida.
El vampiro cruzó los brazos, su capa oscura ondeando levemente con la brisa.
—¿Por qué haces esto?
Ghost lo miró fijamente, su sonrisa tornándose más suave, casi melancólica.
~ Porque a veces, incluso los monstruos se pierden.
El silencio se extendió entre ellos.
Finalmente, el vampiro exhaló con resignación.
—Muéstrame el camino.
Ghost giró sobre sus talones con las manos en los bolsillos, comenzando a caminar con paso ligero.
~ Sígueme. Y oye… la próxima vez que intentes morder a alguien, al menos pregúntale primero. Es de mala educación atacar sin avisar.
El vampiro resopló con incredulidad, pero, por primera vez en mucho tiempo, dejó que alguien lo guiara.
Nada.
El vampiro retrocedió de inmediato, su expresión de furia transformándose en desconcierto. No había sangre, no había sabor. Era como morder un espejismo.
Ghost suspiró, sacudiendo un poco su cuello como si se quitara el polvo.
~ ¿Terminaste?
El vampiro lo miró con el ceño fruncido, su postura aún tensa.
—¿Qué eres?
Ghost le sonrió, encogiéndose de hombros.
~ Alguien que no te servirá de cena. Pero, si quieres, puedo ser tu guía.
El vampiro lo observó por un largo instante, aún con la respiración agitada por la frustración. Pero sus ojos, ocres y hambrientos, escondían algo más profundo: agotamiento.
—No necesito ayuda.
~ ¿Ah, no? —Ghost levantó una ceja—. Déjame adivinar… ¿tienes siglos vagando sin rumbo, incapaz de encontrar un propósito?
El vampiro gruñó, pero no negó nada.
~ Mira, sé que no pediste un guía, pero ya estás aquí. Y aquí no hay víctimas, no hay presas, solo caminos. Y yo puedo enseñarte la salida.
El vampiro cruzó los brazos, su capa oscura ondeando levemente con la brisa.
—¿Por qué haces esto?
Ghost lo miró fijamente, su sonrisa tornándose más suave, casi melancólica.
~ Porque a veces, incluso los monstruos se pierden.
El silencio se extendió entre ellos.
Finalmente, el vampiro exhaló con resignación.
—Muéstrame el camino.
Ghost giró sobre sus talones con las manos en los bolsillos, comenzando a caminar con paso ligero.
~ Sígueme. Y oye… la próxima vez que intentes morder a alguien, al menos pregúntale primero. Es de mala educación atacar sin avisar.
El vampiro resopló con incredulidad, pero, por primera vez en mucho tiempo, dejó que alguien lo guiara.
La neblina se arremolinaba en la pradera cuando Ghost sintió la presencia. No se inmutó cuando la sombra se movió con rapidez inhumana, cerrando la distancia en un parpadeo. Colmillos afilados relampaguearon en la penumbra antes de hundirse en su cuello.
Nada.
El vampiro retrocedió de inmediato, su expresión de furia transformándose en desconcierto. No había sangre, no había sabor. Era como morder un espejismo.
Ghost suspiró, sacudiendo un poco su cuello como si se quitara el polvo.
~ ¿Terminaste?
El vampiro lo miró con el ceño fruncido, su postura aún tensa.
—¿Qué eres?
Ghost le sonrió, encogiéndose de hombros.
~ Alguien que no te servirá de cena. Pero, si quieres, puedo ser tu guía.
El vampiro lo observó por un largo instante, aún con la respiración agitada por la frustración. Pero sus ojos, ocres y hambrientos, escondían algo más profundo: agotamiento.
—No necesito ayuda.
~ ¿Ah, no? —Ghost levantó una ceja—. Déjame adivinar… ¿tienes siglos vagando sin rumbo, incapaz de encontrar un propósito?
El vampiro gruñó, pero no negó nada.
~ Mira, sé que no pediste un guía, pero ya estás aquí. Y aquí no hay víctimas, no hay presas, solo caminos. Y yo puedo enseñarte la salida.
El vampiro cruzó los brazos, su capa oscura ondeando levemente con la brisa.
—¿Por qué haces esto?
Ghost lo miró fijamente, su sonrisa tornándose más suave, casi melancólica.
~ Porque a veces, incluso los monstruos se pierden.
El silencio se extendió entre ellos.
Finalmente, el vampiro exhaló con resignación.
—Muéstrame el camino.
Ghost giró sobre sus talones con las manos en los bolsillos, comenzando a caminar con paso ligero.
~ Sígueme. Y oye… la próxima vez que intentes morder a alguien, al menos pregúntale primero. Es de mala educación atacar sin avisar.
El vampiro resopló con incredulidad, pero, por primera vez en mucho tiempo, dejó que alguien lo guiara.
