Las llamas bailaban en la estufa, iluminando la cocina con un resplandor ámbar. El aire estaba denso, cargado con el aroma de la carne dorándose y el hierro caliente. Sanji, de pie frente a la mesa de trabajo, exhaló lentamente, sintiendo el peso de la fatiga acumulándose en sus músculos. Su camisa azul, remangada hasta los codos, se pegaba a su piel, húmeda por el calor sofocante. Cada movimiento suyo era preciso, el filo del cuchillo deslizándose sobre la carne con una cadencia medida. No era solo cocina era un arte. Un arte que dominaba con la misma pasión con la que respiraba.
Pero esta noche, había algo más en el aire. Algo más allá del simple acto de alimentar a la tripulación.
La hoja brilló bajo la luz cuando la dejó a un lado, apoyando sus antebrazos sobre la mesa que habian quedado manchados por la manipulavion de la carne, con la respiración aún controlada, pero pesada. Pasó la lengua por sus labios secos, notando el leve sabor a sal y tabaco, cerrando sus ojos un instante.
Pero esta noche, había algo más en el aire. Algo más allá del simple acto de alimentar a la tripulación.
La hoja brilló bajo la luz cuando la dejó a un lado, apoyando sus antebrazos sobre la mesa que habian quedado manchados por la manipulavion de la carne, con la respiración aún controlada, pero pesada. Pasó la lengua por sus labios secos, notando el leve sabor a sal y tabaco, cerrando sus ojos un instante.
Las llamas bailaban en la estufa, iluminando la cocina con un resplandor ámbar. El aire estaba denso, cargado con el aroma de la carne dorándose y el hierro caliente. Sanji, de pie frente a la mesa de trabajo, exhaló lentamente, sintiendo el peso de la fatiga acumulándose en sus músculos. Su camisa azul, remangada hasta los codos, se pegaba a su piel, húmeda por el calor sofocante. Cada movimiento suyo era preciso, el filo del cuchillo deslizándose sobre la carne con una cadencia medida. No era solo cocina era un arte. Un arte que dominaba con la misma pasión con la que respiraba.
Pero esta noche, había algo más en el aire. Algo más allá del simple acto de alimentar a la tripulación.
La hoja brilló bajo la luz cuando la dejó a un lado, apoyando sus antebrazos sobre la mesa que habian quedado manchados por la manipulavion de la carne, con la respiración aún controlada, pero pesada. Pasó la lengua por sus labios secos, notando el leve sabor a sal y tabaco, cerrando sus ojos un instante.


