El samurái estaba sentado en la pradera, con su katana clavada en el suelo frente a él. Su armadura estaba desgastada, con señales de innumerables batallas. Su expresión era estoica, pero sus ojos reflejaban un cansancio que iba más allá del cuerpo. No había llegado aquí por accidente, había dejado de caminar en su mundo y, de algún modo, había terminado en este lugar.
Ghost apareció a su lado sin hacer ruido, con las manos en los bolsillos y su típica sonrisa ladeada. Se sentó en la hierba, cruzando las piernas, observando al guerrero sin prisa.
~ Vaya, hace tiempo que no veía a un samurái por aquí. Tienes ese aire solemne, pero también una fatiga que casi pesa en el aire.
El samurái no respondió de inmediato. Se quedó mirando la katana, sus dedos recorriendo el mango con la familiaridad de quien ha sostenido una espada durante toda su vida.
— He luchado demasiado, por demasiado tiempo —murmuró al final—. Cada batalla tenía un propósito, cada duelo tenía un honor, pero al final… ¿qué queda? Mis camaradas están muertos, mi señor se ha ido, y la guerra nunca termina.
Ghost suspiró, mirando el cielo.
~ La guerra es una criatura hambrienta, ¿eh? Devora todo lo que toca, incluso a los que la enfrentan. Pero dime, ¿alguna vez luchaste solo por luchar?
El samurái frunció el ceño.
— No. Siempre hubo una razón. Un juramento, una causa, una venganza…
~ Entonces, ¿por qué te detuviste?
El guerrero guardó silencio. Tal vez esperaba que Ghost lo dejara en paz, pero el joven de cabello naranja seguía ahí, tranquilo, esperando su respuesta.
— No queda nada por lo que pelear —susurró finalmente—. He perdido todo.
Ghost apoyó los brazos detrás de su cabeza, recostándose sobre la hierba.
~ Pero sigues aquí. Sigues respirando. Quizá ya no haya guerra para ti, pero… ¿eso significa que no hay nada más?
El samurái se quedó pensativo. Miró sus manos, rugosas y endurecidas por el combate. ¿Qué podía hacer un guerrero sin una guerra?
Ghost se levantó, estirándose.
~ Si de verdad quieres quedarte aquí y desaparecer con el viento, no voy a detenerte. Pero si alguna vez sientes que tu espada puede sostener algo más que el peso de la guerra… tal vez aún puedas encontrar un nuevo propósito.
El samurái lo miró con duda, pero en su corazón sintió que esas palabras plantaban una semilla. Ghost se giró, levantando una mano en despedida.
(★また会おう、武士。風が道を示すだろう★) .
Luego, con un paso ligero, desapareció entre la brisa, dejando al guerrero solo con sus pensamientos… y la posibilidad de un futuro.
Ghost apareció a su lado sin hacer ruido, con las manos en los bolsillos y su típica sonrisa ladeada. Se sentó en la hierba, cruzando las piernas, observando al guerrero sin prisa.
~ Vaya, hace tiempo que no veía a un samurái por aquí. Tienes ese aire solemne, pero también una fatiga que casi pesa en el aire.
El samurái no respondió de inmediato. Se quedó mirando la katana, sus dedos recorriendo el mango con la familiaridad de quien ha sostenido una espada durante toda su vida.
— He luchado demasiado, por demasiado tiempo —murmuró al final—. Cada batalla tenía un propósito, cada duelo tenía un honor, pero al final… ¿qué queda? Mis camaradas están muertos, mi señor se ha ido, y la guerra nunca termina.
Ghost suspiró, mirando el cielo.
~ La guerra es una criatura hambrienta, ¿eh? Devora todo lo que toca, incluso a los que la enfrentan. Pero dime, ¿alguna vez luchaste solo por luchar?
El samurái frunció el ceño.
— No. Siempre hubo una razón. Un juramento, una causa, una venganza…
~ Entonces, ¿por qué te detuviste?
El guerrero guardó silencio. Tal vez esperaba que Ghost lo dejara en paz, pero el joven de cabello naranja seguía ahí, tranquilo, esperando su respuesta.
— No queda nada por lo que pelear —susurró finalmente—. He perdido todo.
Ghost apoyó los brazos detrás de su cabeza, recostándose sobre la hierba.
~ Pero sigues aquí. Sigues respirando. Quizá ya no haya guerra para ti, pero… ¿eso significa que no hay nada más?
El samurái se quedó pensativo. Miró sus manos, rugosas y endurecidas por el combate. ¿Qué podía hacer un guerrero sin una guerra?
Ghost se levantó, estirándose.
~ Si de verdad quieres quedarte aquí y desaparecer con el viento, no voy a detenerte. Pero si alguna vez sientes que tu espada puede sostener algo más que el peso de la guerra… tal vez aún puedas encontrar un nuevo propósito.
El samurái lo miró con duda, pero en su corazón sintió que esas palabras plantaban una semilla. Ghost se giró, levantando una mano en despedida.
(★また会おう、武士。風が道を示すだろう★) .
Luego, con un paso ligero, desapareció entre la brisa, dejando al guerrero solo con sus pensamientos… y la posibilidad de un futuro.
El samurái estaba sentado en la pradera, con su katana clavada en el suelo frente a él. Su armadura estaba desgastada, con señales de innumerables batallas. Su expresión era estoica, pero sus ojos reflejaban un cansancio que iba más allá del cuerpo. No había llegado aquí por accidente, había dejado de caminar en su mundo y, de algún modo, había terminado en este lugar.
Ghost apareció a su lado sin hacer ruido, con las manos en los bolsillos y su típica sonrisa ladeada. Se sentó en la hierba, cruzando las piernas, observando al guerrero sin prisa.
~ Vaya, hace tiempo que no veía a un samurái por aquí. Tienes ese aire solemne, pero también una fatiga que casi pesa en el aire.
El samurái no respondió de inmediato. Se quedó mirando la katana, sus dedos recorriendo el mango con la familiaridad de quien ha sostenido una espada durante toda su vida.
— He luchado demasiado, por demasiado tiempo —murmuró al final—. Cada batalla tenía un propósito, cada duelo tenía un honor, pero al final… ¿qué queda? Mis camaradas están muertos, mi señor se ha ido, y la guerra nunca termina.
Ghost suspiró, mirando el cielo.
~ La guerra es una criatura hambrienta, ¿eh? Devora todo lo que toca, incluso a los que la enfrentan. Pero dime, ¿alguna vez luchaste solo por luchar?
El samurái frunció el ceño.
— No. Siempre hubo una razón. Un juramento, una causa, una venganza…
~ Entonces, ¿por qué te detuviste?
El guerrero guardó silencio. Tal vez esperaba que Ghost lo dejara en paz, pero el joven de cabello naranja seguía ahí, tranquilo, esperando su respuesta.
— No queda nada por lo que pelear —susurró finalmente—. He perdido todo.
Ghost apoyó los brazos detrás de su cabeza, recostándose sobre la hierba.
~ Pero sigues aquí. Sigues respirando. Quizá ya no haya guerra para ti, pero… ¿eso significa que no hay nada más?
El samurái se quedó pensativo. Miró sus manos, rugosas y endurecidas por el combate. ¿Qué podía hacer un guerrero sin una guerra?
Ghost se levantó, estirándose.
~ Si de verdad quieres quedarte aquí y desaparecer con el viento, no voy a detenerte. Pero si alguna vez sientes que tu espada puede sostener algo más que el peso de la guerra… tal vez aún puedas encontrar un nuevo propósito.
El samurái lo miró con duda, pero en su corazón sintió que esas palabras plantaban una semilla. Ghost se giró, levantando una mano en despedida.
(★また会おう、武士。風が道を示すだろう★) .
Luego, con un paso ligero, desapareció entre la brisa, dejando al guerrero solo con sus pensamientos… y la posibilidad de un futuro.

